jueves, 6 de enero de 2011

El feminismo devastador

El feminismo devastador

La posibilidad de la transformación implica abstenerse de institucionalizar el desprecio y el silenciamiento y, sobre todo, mantener la (auto)crítica de la feminidad

“Su argumentación corre parejas con un sortilegio. Es posible escaparse de un argumento refugiándose en la magia, y de un sortilegio refugiándose en la lógica, pero es posible también aplastarlos a ambos al mismo tiempo, y más cuando son una misma cosa, magia viva o destrucción del mundo que no destruye sino que construye.”
Kafka

Empezó como un regreso a los cuerpos adolescentes, el puro disfrute de la feminidad recién descubierta, la complicidad de las colegialas. El grupo feminista, un peculiar espacio para los juegos prohibidos: dis­positivo verbal y estructura organizativa. De las consignas generales de la década (lo personal es político) y la euforia en violar las costumbres militantes y mentales (el que habla de la revolución sin referirse a la vida cotidiana, habla con un cadáver en la boca), de la fe en las palabras que es credo generacional: el famoso pequeño grupo de concientización. Cinco a diez mujeres que nos reunimos una vez por semana para dilucidar qué tiene de común, de social y de femenina nuestra experiencia personal. Relectura de los recuerdos familiares, de la biografía amorosa y sexual, de la angustia actual, de los problemas cotidianos, laborales, domésticos, médicos… Establecimiento de un tipo general de enfrentamiento-problemática-incomunicación con un(los) hombre(s). Intercambio minucioso de conocimientos y desconocimientos sobre la fisiología y psicología de la sexualidad. Especificación femenina de lo social: enajenación, opresiones, lenguajes, mecanismos de poder, ‘explotación, adiestramientos, calidad de la vida, imágenes del cuerpo, política de los sentimientos. El feminismo como experiencia física: el cuerpo repentinamente interrogando como signo esencial e inicial (“mujer”); como primera marca en el mundo, como aglomeración dé marcas recibidas, obligato­rias, como impronta de vida en sociedad y molde de la historia personal.

Nada más aparentemente natural para una misma que el cuerpo (allí donde aún no es conducta): de pronto criticable; fenómeno de una Mismidad, una gran Costumbre detestada. Parálisis. Gestos abortados. Tentativas. Ensayo de disfraces, travestismos, im­postaciones. Lo social una y otra vez impreso en el corte de ese paso, en el impulso de esa cadera, en la velocidad de esa sonrisa: ¿qué feminidad, cuando has dejado en el ropero una, dos, tres feminidades? Transformismo tenso, compartido, vigilado por las otras. ¿Hasta dónde la mirada crítica del grupo? ¿La provocación que mi cuerpo lanza a las miradas públicas y legales? ¿Mi propio diseño de “mí misma”? Por eso, no sujetos, apenas cuerpos; por eso titubeantes (ni naturaleza, ni expresión), fenómenos. Fenómenos de una Nueva Feminidad: es decir, otra vez, el cuerpo transido de socialidad. Una experiencia física perturbadora, creativa y disciplinante a la vez, compartida con las otras mujeres que constituyen el cuerpo de lectoras de este Nuevo Código (gestual, indumentario, verbal, sensorial, sentimental, etc.)

La reunión era alegre, confusamente tranquilizadora y excitante, protectora y decisiva: un espacio donde todo puede pasar, donde hay riesgo y deseos, como una fiesta a los dieciséis, quiebra de la fijeza coyuntural. Primavera del narcisismo, de la seducción, del peligroso juego de espejos: nuestras similitudes afinan nuestras diferencias, nuestra jerarquía. Baile de valores nuevos y confusos que atribuirse y repartirse. Ruptura, mediante las palabras allí dichas y escuchadas, no sólo del mayor o menor silencio de cada una de nosotras ante sí misma (silencio de la edad adulta que sucede al obsesivo yo, yo, yo de la adolescencia), sino de la lealtad callada o los discursos circulares de cada pareja y del secreto adiestramiento en sociedad. Cambio de tono de todo lo hasta entonces dicho o pensado y carga de valor histórico e ideológico sobre cualquier esbozo de autobiografía, sobre cualquier sociología instantánea o morosa, sobre cualquier mínima actitud en que descubrir lo viejo o lo nuevo… Interpretación original de todo, radical por vocación y alcance.

Proscrita la mudez, creada o deseada esa nueva complicidad, el grupo ha de recibir, leer, comentar, amar lo dicho. También lo fuerza, lo compara y lo juzga. Las valoraciones irrumpen en desorden, en cada frase, contradictorias o infundadas. Cada frase, cada imagen, crea modelos y normas. Un discurso ideológico, inacabado pero poderosísimo, arrasa con las viejas nociones opresivas para también invadir y regimentar brutalmente amplias zonas de desconocimiento o de inconsciente, de miedos o de insatisfacciones, hasta ordenar de­seos y amparar resentimientos. Emana del núcleo, el grupo que habla, voz colectiva y estratificada; es peligroso y acogedor porque el juego que en él se desarrolla es fuertemente libidinal y sus juicios angustiosamente inapelables (sobre todo por implícitos); porque otorga la bendición a lo más violento, a lo más colérico, a lo más prác­tico y guerrero, rara vez a lo más autocrítico (del grupo mismo), y rara vez reconoce dialécticas. Núcleo sacralizable también porque está socialmente atacado (sobre todo al principio), porque se inviste el prestigio de lo perseguido, se carga de razón. Porque recupera las culpas de quienes han abandonado las viejas militancias per­sonalmente redentoras. Porque para pertenecer al grupo hay que cumplir un desafio personal, social, conyugal, intelectual. Porque el nuevo discurso refiere y desmonta opresiones muy graves, y roza do­lores muy profundos y agudos, carencias abismales, deseos arrebatadores y vitales. Para muchas mujeres, el feminismo[1] fue una historia aniquiladora de amores desgraciados que dejó poco tras de sí y que las devolvió a la conyugalidad antes traicionada o a la soledad más desértica, o se sostuvo tercamente transformado en anquilo­samiento doctrinario y vital.

Any day now, any day now I shall be released
Dylan / Midler.

Todo está bien, inicialmente, al interior del grupo. Todo orden o desorden mental, toda novedad o repetición, todo gesto y su contrario, todo tono de voz chirriante o manso, agresivo o tímido, todas las incapacidades, nerviosismos, balbuceos, histerias, desplantes y vanidades, son obligadamente aceptables.

Poco a poco, se (re)establecen jerarquías. Se repiten con no tan paradójica insistencia las del mundo exterior (en la denuncia, “viejas” o mejor aún, “masculinas”): hay las mujeres que hablan o escriben mejor; hay las socialmente mejor situadas para aparecer, firmar, declarar, acceder a los medios; hay las que tienen más dotes (o más necesidad) de organización; las que muestran “vocación” de mando; las más bellas o más atractivas, las intelectual o políticamente más “preparadas”. El grupo resiente la pervivencia de esos valores que él no ha creado, que proceden de un orden exterior e impugnado: su aspiración de absoluto es de un utopismo desesperado, bello en su perspicacia.

Además, hay las que llevan más tiempo en grupos feministas, las más informadas o las que han cumplido un camino personal admirable (un divorcio, un cambio de la organización doméstica, una incursión hacia o contra la maternidad, una excursión por una sexualidad distinta…). Estos sí son los valores propios del grupo y en ellos va formándose el modelo. Una dialéctica es consustancial al feminismo: denuncia una situación socialmente impuesta que sólo se podría modificar a partir de una revuelta colectiva, y a la vez propone y valora las sublevaciones y rupturas personales, las “soluciones” individuales. Supone la opresión ineludible de todas las mujeres pero exige a sus miembros la revisión y la subversión inmediata de sus vidas. En tanto que verdaderamente existen para muchas mujeres condiciones objetivas de cambio voluntario, en la medida en que efectivamente se han modificado en las últimas décadas muchas estructuras que forzaban la sujeción feme­nina, esa exigencia era sin duda válida. En la medida que pretendía igualar a todas las mujeres, pasando por alto diferencias de país, clase y funciones sociales, era engañosa. Además, el filo del cambio se tra­duce al interior del movimiento en una urgencia de modelo: el fantasma de la mujer (ya) liberada preside todos los grupos: la invención apresurada del ideal fue la invención de valores y normas contradictorias, falibles y escasamente revisados.

I. Misandría

Oh sister, when I come to knock on your door you should not treat me like a stranger
Dylan

Como primera medida, las mujeres teníamos que reunirnos sin los hombres, a solas. La argumentación que justificaba esta clausura fue al principio instintiva y muy discutible (“La presencia de los hombres hace que las mujeres no se atreven a hablar”; “Ustedes ya han hablado, bastante, ahora nos toca a nosotras”), pero la decisión fue sin duda acertada. El espacio creado no era meramente un ámbito ver­bal (donde “hablar’“); era básico para la formación de una conciencia colectiva femenina (ser para sí de las mujeres) y la experiencia política había probado que era imposible lograrla de otro modo; ese buscarnos como mujeres unas a otras fue un gesto fundador incuestionable. Como organización o movimiento el feminismo no podría haber existido de otro modo.

Pero la exclusión de los hombres tomó características de condena a perpetuidad. Poco a poco se cegó la dialéctica que exigía el contacto con ellos. La prolongación de la clausura creó una asfixia cada vez mayor y veló la existencia misma de una realidad muy distinta de ese ambiente femenino. Las mujeres teníamos que haber sabido que excluir a un sexo deforma las cosas. Que estábamos cultivando nociones sin correlato objetivo (el “mundo de los hombres”, el “mundo de las mujeres”: aún se habla así). Estábamos tratando de olvidar que teníamos que enfrentar, diariamente, nuestro condicionamiento, al hablar, vivir, trabajar, hacer el amor, educar hijos con los hombres, e incluso amar a éstos. Creamos un espacio artificial que, ante todo, nos gustaba, como los hombres gustan de los ambientes exclusivamente masculinos que nosotros detestábamos y cuyos valores tan bien criticamos.

Al perpetuar la exclusión durante años y, extenderla a ámbitos ajenos a la organización del movimiento como tal, al desdeñar la confrontación colectiva, y disfrutar de la escasas instancias en que las mujeres tenían el poder de excluir, ese encierro remitió a la pura i­rrealidad. Vivir espacios artificiales puede ser incluso recomendable e inspirador (como cualquier delirio o autoengaño tiene su lado fértil), pero seguramente no es buen punto de partida para actuar sobre una realidad que no prescinde del otro sexo. Ese “mundo de los hombres”“, metafórico, era simplemente el mundo exterior y mixto, el mundo tout court: compartimentado y dificultosamente heterosexual cuyos apartados queríamos romper. Muchos grupos femeninos (y no sólo los de las “radicales”’ o los de las homosexuales) se dieron la satisfacción pueril de prohibir a los hombres la entrada en sus bares, librerías, funciones de cine, etc. A veces, incluso, la cuestión condujo al enfrentamiento violento. Nunca se dijo que ello se hacía simplemente porque se consideraba saludable que un sexo descansara del otro, siempre se argumentaron miedos o resentimientos más o menos disimulados, y al final sólo una incuestionada costumbre.[2]

Todo ello remite al problema general del feminismo, que en parte define tendencias en su interior; ¿hasta dónde queremos cambiar la vida, eliminar las estructuras de opresión, el silenciamiento, las comparti­mentaciones, y hasta dónde sólo queremos apaciguar el resentimiento, participar del poder? La inversión vengativa conformaba un gesto ideológicamente inviable a la vez que conmovedoramente banal.

II. Lo femenino es bello

…situar la violencia en el otro, si existe y cuando existe, no nos exime de analizar y desmontar la violencia que ejercemos subrepticiamente, sin dar la cara como el dicho dice, con nuestro silencio y nuestras reiteradas renuncias, con nuestros cuerpos y nuestras pasiones tantas veces entregadas al ejercicio de la posesión de los demás…
Mabel Piccini

Tras un primer movimiento (muy rico y lúcido) de crítica al modelo de feminidad establecido, que implicaba nuestro sometimiento, nuestras pérdidas, nuestra prisión, nuestra falta de derechos y posibilidades, reapareció el problema: 1) Ser femeninas significaba aceptar la opresión, ser masculinas (es decir, imitar el modelo de masculinidad dominante) nos repugnaba: nosotras no queríamos adiestrarnos para oprimir; 2) Muchos rasgos de la feminidad establecida nos parecían valiosos, y habríamos querido liberarlos de la sumisión que era su precio. Primero, no soportábamos que características deseables, que nos eran atribuidas, fueran despreciadas al rechazar en bloque, como conjunto coherente, todos los rasgos tradicionalmente femeninos.

Se­gundo, creímos que si la feminidad implica una condición oprimida y no-poder, en ella debían encontrarse los caracteres deseables para el “ser humano” ideal y, ante todo, para la “nueva mujer”. Así por ejemplo, suponíamos femeninos la falta de afán competitivo, el desinterés, la vocación de belleza, la valoración de lo efímero, lo no productivo, el contacto artesanal con las materias, la gracia, la ternura, la generosidad, la comprensión, la expresividad, la ausencia de orgullo, la intuición, etc. Mientras un feminismo despreciaba de un solo golpe la feminidad, como molde fabricado para esclavizarnos, como diseño para nosotras peligroso que sólo daba armas al “enemigo” (y como culto de la influencia y el irracionalismo); otro se dedicó a proclamar que el modo de ser femenino (aunque nos fuera impuesto) era mucho más va­lioso que el masculino (enteramente demonizable) y que por tanto no debíamos sacrificarlo a cambio de la “libertad”. El hecho, a veces reconocido, de que las mujeres practicasen también la astucia, la manipulación y la mentira aparecía superficialmente justificado o explicado por el exceso de su opresión.

Al analizar las funciones de la mujer en la esfera doméstica, y las figuras que en ella ha de adoptar, como parte de la carga, del trabajo, femeninos, pasamos por alto el hecho de que “el poder masculino mani­fiesto tendría su contrapartida en lo que podríamos llamar el poder femenino invisible”[3] y de que este poder es grande y se ejerce en toda la esfera que paradójicamente seguíamos considerando benefi­ciada por la feminidad. De hecho, ese poder invade, (de)forma y entrega al miedo la afectividad, los cuerpos, la debilidad, el deseo de felicidad de los hombres y de las mujeres. Es papel de la mujer la vigilancia sobre el espacio doméstico, su centralización jerárquica y puritana, la orientación de la afectividad y la sexualidad de hijos e hijas hacia la funcionalidad y el arribismo sociales. Es consustancial a su función el adiestramiento en el chantaje y la maniobra bajuna ante el poder formal de los hombres en la esfera privada, lo mismo que el respeto acrítico a la autoridad, el conservadurismo militante, la enseñanza y la práctica del temor y la humillación.

Este trabajo de la mujeres hasta hace poco forzoso, es lo que torna verdaderamente in­fernal su condición, de la misma forma que el horror de la condición masculina no está sólo en que resulte invivible y miserable para ellos sino en que los obliga a oprimir: tal vez más lamentable aún el papel de la feminidad que ha de transformar en mentiras las instancias más entrañables de la vida, que se le confían condicionadamente.

Sabemos que la feminidad implica la debilidad no sólo como condición sino como autodefensa, como trampa; implica derechos cuestionables más que virtudes. Por ejemplo, las mujeres tenemos acceso a la ternura, la exclusiva sobre su autorización, licencia para utilizarla para nuestros propios fines, adiestramiento para invertirla y cobrar sus réditos. Estamos tan lejos como los hombres, o más, de una ternura honesta y deseable. En la medida en que no podemos prescindir de ella como arma, no podremos regalarla ni suscitarla honradamente. Así también, tenemos derecho al contacto físico con los hijos, a acariciar, a acariciarnos entre nosotras, pero también a convertir la caricia en lazo o en hueca mecánica. Tenemos el poder sobre la belleza y oportunidad de comercializarla, como se nos reserva el uso de la expresividad, las habilidades de la seducción, los goces narcisistas, el salvoconducto del miedo. Temibles víctimas: no sólo míticamente temibles como vampiresas, brujas o vaginas dentadas, sino doméstica, actual, minuciosamente sumisas y poderosas.

No ahora, como reivindicación de autonomía feminista, sino también en su versión tradicional (“aunque el reiterado dictamen psicoanalítico, pedagógico, jurídico nos lo haga olvidar”) (3), la mujer ha tenido el po­der de hecho sobre la reproducción, la exclusiva de la maternidad no ya en su sentido biológico (en absoluto libre hasta hace poco) sino en lo que de riqueza, placer físico, seguridad afectiva, posibilidades crea­tivas tiene realmente. Ni en el caso de los hombres ni en el de las mujeres la falta de libertad implica ausencia de poder. En ese poder y esos derechos las mujeres han sido crueles, castradoras, mentirosas, y sólo excepcionalmente amantes. La mayoría de sus gestos para con los hijos son blandamente autoritarios, insidiosamente atemorizantes (“te vas a caer”), dulcemente encadenadores (“ven con tu mamá’). La mujer cumplida no discute, se queja; no comprende, “perdona”; no enamora, obtiene un espejo. De esos valores atribuidos a las mujeres no hay uno que no sea funcional a su poder y a la opresión de todos. Olvidar esto es pagar tributo a última hora al sistema que así nos lo ha impuesto, es capitular de todo intento de cambio. Fortificarse en la solidaridad feminista (que ciertamente constituyó una fuente de apoyo generosa) para recomponer el derecho a ese poder es volver a capitalizar la opresión sin salir de ella. El feminismo partió de una “misoginia” razonada que debería haber sido incorruptible, como lo fue el rechazo de la masculinidad oprimente.

La liberación de todos esos “valores” que estábamos obligadas a encarnar y utilizar sólo habría sido posible en una intensa dialéctica con aquéllos que supuestamente carecían de ellos. Si es imposible partir del blanco, de una repentina mujer sin cualidades, sólo la confrontación con la sed de ternura y de debilidad de los hombres po­día forzar la invención de una ternura bisexual, una debilidad honesta por ambas partes. Pero en cuanto adquirió poder como discurso, el feminismo no sólo declinó esa confrontación que debió ser obsesiva, insistente, sino que la proscribió por inútil o la desdeñó como concesión al enemigo. De ahí un feminismo triunfalista que se finge victimado en su aislamiento: feminidad recobrada, tranquilizante regreso.

Así también la maternidad feminista en sus dos opciones. O bien, “Hemos de prescindir del útero para ser personas” (como sí sólo del útero hubiera que prescindir al negarse a tener hijos). O bien: “Podemos tener hijos sin los hombres, todo lo que hace falta es un espermatozoide oportuno”: más allá de la rabia que lo adorna, este punto de vista implica una justificada declaración de autonomía pero no un proyecto de felicidad muy viable. Lastimosamente, tras cinco o seis años de maternidad autónoma, las madres voluntariamente solteras empezaron a descubrir -tras alguna excursión o contaminación psicoanalítica- que a sus hijos(as) les faltaba la “figura paterna”, como si carecieran de alguna vitamina peculiar.

Sin duda, la maternidad tenía que plantearse de un modo radicalmente distinto que hasta ahora. Por lo pronto, había de ser voluntaria, de donde las luchas por la anticoncepción, el aborto, la educación sexual. Con lucidez, muchas feministas rechazaron la primera reacción más elemental que ve en la reproducción el posible origen de todas las opresiones y por tanto se niega a prestarse a ella (así lo plantean aún muchos grupos). Pero la opción inversa, la idea de la maternidad en solitario implica también una renuncia y no sólo la afirmación de una posibilidad recién abierta.

Desbancar la paternidad y sus legalidades, bisexualizar la maternidad, inventar una filialidad no sometida, una protección no autoritaria ni chantajista, una reproducción no matrimonial, androginizar o hete­rosexualizar la ternura, lo físico, el goce, el amparo: tales son los sueños que resultaron frágiles ante el resentimiento, el cansancio, el deseo de poder sobre los hijos, el desamor, el ansia de justificarse vitalmente… En cuántos casos ahora, de nuevo, la maternidad monstruosa: esta vez, feminista y víctima, feminista y heroica, renovadora en las mañas de su aparente sinceridad, modernamente abnegada en su soltería…

Al acusar mecánicamente a los hombres por su ausencia en la esfera de los afectos (ausencia que les es impuesta y que es modificable), al atribuirles la violencia, el deseo de poder, la dureza y el egoísmo que mutatis mutandis compartimos, renunciábamos de hecho a toda esperanza de cambiar la vida. Renovamos su exclusión y nuestra miseria al expulsarlos de nuevo, esta vez “feministamente”; vindicativa­mente, como quien sabe lo que hace, de la maternidad, del amor, de la utopía. Para llegar a este tipo de postura claudicatoria, se atravesó un complejo proceso de enfrentamientos mal planteados, retroali­mentaciones de la impotencia, delirios sectarios. La transitoria liberación y la aparente lucidez que disfrutábamos al interior de los grupos había de confrontarse enseguida con la necesidad cotidiana de vivir con los hombres y de cambiar los términos de esa vida, transformación que era el sentido último del esfuerzo feminista.

De nuevo la cuestión es dialéctica: la relación con los hombres está mediada por la sociedad de un modo complejo que entendimos bien, pero la posibilidad de la transformación no sólo está en incidir sobre esa mediación (no está sólo en exigir lo social y políticamente exigible), también depende de la confrontación directa con ellos, de la utilización de las muchas instancias en que el cambio inmediato es posible. Dos cosas habrían sido necesarias para ello: abstenerse de institucionalizar el desprecio y el silenciamiento discriminatorio y, sobre todo, mantener la (auto)crítica de la feminidad en vez de mostrarse cada vez más dispuestas a pactar con ella siempre que propusiera facilidades y no desventajas. Versión feminista de la masculinidad: po­breza de los criterios dedicados a la condenación, triste curso de la inercia en que la distribución inveterada de los rasgos de carácter florecía de nuevo en un obvio sexismo invertido.

Así, al contrario que con la feminidad, ninguna parcela de lo masculino era recuperable, pero no porque todo en ello fuera funcional y complementario de lo femenino (en la universalidad de la opresión), sino superficialmente resentido, concretamente acusado en -cada individuo varón. Son masculinos (más aún, machistas, intencionadamente masculinos y dis­criminatorios) si proceden de un hombre, tanto un piropo como una exigencia metodológica, una reacción colérica o un cortejo activo (y no deseado), la aspiración a ser escuchado y a recibir atención (si estoy ocupada en otra cosa), el gusto por el cuerpo de una (otra) mujer, un relato escrito desde la primera persona masculina (si no me elogia a gusto mío), una conducta impetuosa en la cama o una conducta autocontemplativa y tranquila en la cama (según mis preferencias de esta noche), la renuncia a autoanalizarse (y a dar pie a mi oratoria), un ataque de celos, un desastre culinario, una “traición” amorosa, el malhumor con un niño que llora. Este discurso enloquecido y enloquecedor gozó y aún goza de la credibilidad culpable o acusatoria de miles de mujeres y hombres. Bajo la manifiesta validez del plantea­miento crítico feminista se cobijaron innumerables oportunismos, injurias, prejuicios, absurdos; aún hay que maravillarse del poder de convicción que tuvo ese planteamiento para lograr que tantos hombres aceptaran los insultos y el silencio que les reservaba.

Sin deseo de cultivar el melodrama, es imprescindible recordar que los hombres que sufrieron esta discriminación no fueron los autocomplacidos modelos de la masculinidad criticada, sino los que optaron por vivir de cerca el proceso feminista, los que colaboraron, escucharon, escribieron, cambiaron, cocinaron, cuidaron de los niños. El feminismo fue también devastador para muchos de ellos, dado que fue también su experiencia. No es posible reclamarles ahora una responsabilidad que casi siempre, de un modo u otro, se les obstaculizó. Está claro que para colectivizar su problemática tendrían que haber actuado junto a las feministas y no, imitándonos, por su cuenta. Si el feminismo fue beneficioso para muchos hombres, las fe­ministas no pueden atribuirse mayor mérito por ello. No vale tampoco aquél frecuentado “Nosotras no tenemos que liberarlos a ellos” porque no se trató de un delito de omisión (en sí misma destinada al fracaso), sino de la construcción activa de un nuevo discurso sexista y discriminatorio.

III. Lo viejo y lo nuevo

Yo no hago el amor con los órganos
M.P.

La más compleja aspiración feminista fue la conquista de la sexualidad femenina, larga sombra, marea retenida y negada, torturada y temida. “Descubrimiento del propio cuerpo (colectivo)”: anatomía, fisiología del placer y de las hormonas, síntomas de la psicología que demanda o que se le impone a ese cuerpo, historia de las leyendas y atrocidades de que ha sido objeto. La sexualidad de las mujeres, abierta a la investigación y a la experimentación y a una nueva alegría. Motivo inmediato de reivindicaciones sociales (educación, anticoncepción, aborto).

Y objeto también de “reivindicaciones sexuales”. Por ejemplo, reivindico mi derecho a saber que tengo un clítoris, y reivindico una manera clitoridiana de hacer el amor. Reclamo, ante los hombres como género y ante cada uno como espécimen, tales o cuales rasgos de una nueva sexualidad de las mujeres como género, mía como espécimen: derecho a la iniciativa, a la actividad a la búsqueda de mi placer, a la promiscuidad (es decir, a todas las características hasta ahora propias de la sexualidad masculina); exijo atención, suavidad, respeto de mi ritmo, de mi autogestión, de mi sensibilidad, y conocimiento general de mi (nuestra) anatomía. Niego la fidelidad como naturaleza, la fecundidad justificatoria, la frigidez virtuosa, la obligación de la dulzura decorosa.

Del conjunto vago y móvil de esos rasgos que queremos posibles y que suponemos originales de la eroticidad femenina, y del corpus científico recién difundido y comentado, surge un credo feminista sobre la sexualidad de las mujeres, una doctrina sexológica. Entre sus premisas más generales: el orgasmo vaginal es un mito, el punto más sensible del cuerpo sexual de la mujer es el clítoris, la penetración sólo sirve al placer masculino, la penetración es un gesto de dominio por parte del varón y exige vocación de sumisión por parte de la mujer. Esa doctrina, racionalizada como ideología, defendida como identidad, postulada como consigna sólo impugnable en la penumbra del placer personal, tiene inmediata aplicación al análisis de la vida sexual de cada mujer y cada pareja. Entre los primeros gestos de una feminista se cuenta la discusión con su compañero sobre la sensibilidad de ella y el comportamiento sexual de ambos: protesta, diálogo cuyos términos se crean y endurecen al hablar, rupturas, exploraciones.

El feminismo produjo nuevas investigaciones psicoanalíticas y brillantes críticas al psicoanálisis y a las sexologías de consultorio que desconocían la fisiología femenina, explicaciones sobre la forma en que los cuerpos están transidos de socialidad y de míticas imágenes, bellos elogios del cuerpo femenino y de su capacidad para el goce; pero como toda ideología hasta ahora, en cuanto a la sexualidad, el femi­nismo crea una nueva normatividad tras un primer movimiento liberador. Convertido en doctrina y potenciado en sexología, produjo inquietantes filípicas contra las mujeres que todavía (el tiempo siempre está a favor de las ideologías) hacían el amor de tal o cual manera, aberrantes manifiestos “a favor” del clítoris (súbitamente objeto de mayúsculas o de poemas), sorprendentes clasificaciones de los hombres en “suaves” y “hombres”, convocó para muchas mujeres la obligación del orgasmo o de los orgasmos o de un tipo de orgasmo; estableció formulismos de alcoba nuevos pero cómicos; sirvió de base a agotadoras argumentaciones sobre los defectos del “hacer” sexual o de tal o cual individuo… No mejoró por sí mismo ninguna relación sexual concreta (aunque, benéficamente, interrumpió muchísimas, y modificó los términos de poder en que esas relaciones se plantean): difícilmente una ideología podría conjurar el placer, aunque pueda expresar infinitamente su ausencia. De ahí las dificultades de la transformación deseada y su secuela de renovadas frustraciones. Con amplia documentación científica, opiniones expertas, recomendaciones precisas e ingenuas, terminología y jerarquías magisteriales y (re)moralizaciones de las partes del cuerpo, se elabora y aplica una sexología. Con todo el cuerpo personalmente vivido y conocido, sin miedo y sin dictámenes, y con los propios e intransmisibles miedos, la historia y las figuras de ternura y belleza, con todos los órganos y con los que el capricho y la inspiración iluminan momentáneamente, con imaginación y empatía, con narcisismo y arrobo, con penetraciones por todas partes y mutuas, se hace el amor gozosamente.

El credo sexológico feminista estuvo potenciado por el elemento homosexual, que a menudo se descubría su abanderado avant la lettre, y que radicalizó al feminismo en muchos sentidos pero en mu­chos, también, lo congeló en un rechazo a medias colérico a medias resignado de todos los contactos, vínculos, enfrentamientos y dialécticas heterosexuales. Bajo el influjo lésbico, la sexología feminista sólo tenía que dar un paso más (hacia la impracticabilidad): la heterosexualidad es voluntad de sometimiento, es complicidad con el machismo, es incoherencia ideológica. Así la heterosexualidad en lo sexual y amoroso; pero el trasfondo del problema es siempre el mismo: el feminismo en su auge y su crisis propiamente política no lo­gra cambiar el mundo y sueña con abstenerse de él; esa vacilación entre amargura y pureza habita los cuerpos y alberga los lechos en su inadecuada cuadrícula.

Con el tiempo he visto que tengo que dar a las mujeres
instrucciones para el descenso sobre mi cuerpo…

En su investigación sobre la sexualidad, el pensamiento feminista repitió la omisión del sexo masculino. Institucionalizó una ignorancia de la sexualidad masculina en el supuesto erróneo e interesado de que ésta era ya ampliamente conocida puesto que los hombres habían hablado de ella suficientemente y/o el discurso sobre esa sexualidad formaba parte de la sexología dominante y/o los nuevos planteamientos que los hombres intentaban y han intentado desde siempre, y también desde su lectura del feminismo, eran readaptaciones de su voluntad de poder. Sin embargo, es evidente que los hombres tampoco tienen acceso a un conocimiento amoral de su cuerpo, que su experiencia no es de libertad y que la ideología dominante no rodea de menos leyendas ni menos prohibiciones a la sexualidad masculina.

Ignorar esa ignorancia, carecer de esa curiosidad, es un gesto incoherente en el discurso feminista. Si la sexualidad de la mujer es una “gran desconocida”, no es porque falte un discurso al respecto sino porque ese discurso es “falso” (la mujer no es pasiva aunque un inmenso número de mujeres estén obligadas a serlo), por tanto hemos de “inventar” una sexualidad de la mujer que sería “verdadera”, o al menos nueva, libre de las viejas sujeciones. Y en efecto: la inventamos, colectiva y no personalmente, demasiado rápido, la afirmamos a partir de criterios que debieran ser sólo negativos, la caracterizamos bastamente y nos pusimos a la tarea de lograr parecer­nos a ese modelo y a padecer de culpas y vergüenzas si no lo lográbamos. Pero no nos preocupamos de preguntarnos si había una “verdadera” sexualidad masculina que “inventar”.

Y si lo hicimos fue sólo a partir de nuestras propias exigencias (coyunturales, egocéntricas o ideológicas): si yo he de ser clitoridiana, necesito una masculinidad masturbatoria; si he de ser activa, requiero un compañero experimentado; si quiero mi derecho a la iniciativa, necesito que el otro decline su derecho al rechazo; si deseo que se respete mi ritmo, prefiero una pareja disponible. Quiero el derecho de gozar del otro, pero no la responsabilidad de su goce; quiero vía libre para buscar mi placer, pero no quiero adorar, perseguir, arriesgarme al ridículo y la humillación; quiero autocontemplarme no sólo en el espejo y en todas las miradas (como hasta ahora) sino también a mis propios ojos, en el ardor y en el éxtasis. No quiero enfrentar ningún misterio en el cuerpo, en la sensibilidad de los hombres: quiero la versión simple, dispuesta, fácil de satisfacer, reducible, manejable, de lo fálico. (Quiero hacer desaparecer el falo de todos los paisajes, pero me aturdo si no lo encuentro.) Quiero una sexualidad masculina suavizada, domesticada, ideológicamente obligada a atender a mis deseos.

Si creó una sexualidad femenina nueva o modificó el discurso en torno a la antigua, la concepción común y propiamente feminista de la sexualidad de todos no fue más allá de pretender la inversión del po­der (y del saber). No sin perspicacia, las feministas hallaron que el descubrimiento de su opresión les daba, en los ambientes de su práctica sexual, el derecho al lenguaje, y que en la sexualidad quien tiene el lenguaje tiene el poder.

Cuando se adoptaba tal “machismo femenino”, ni la “solución” o la “coherencia” homosexuales, esa doctrina sexológica condujo al reducto común en que pararon las devastaciones del feminismo: el pla­ñido de las víctimas. Aunque reivindicaba el derecho al placer (combatiendo en efecto muchas de las instancias sociales en que no se producen las condiciones objetivas de ese placer), el feminismo no ofrecía (ni ningún discurso ideológico puede ofrecer) más que valoraciones parciales del placer, no elementos para su búsqueda; y como el goce no ha de encontrarse mediante normas ni argumentos, ni mediante una mágica confianza en las palabras, sino que ha de buscarse en todas partes, incluso allí donde parecía imposible a los criterios sexológicos, en todos los campos de riesgo de la vida, en todas las honestidades, rupturas y comodidades, y en el propio e irrenunciable deseo, sólo se recurrió al feminismo como (muy adecuado) instrumento de queja.[4] Buena medida del tono clínico de denunciatorio de la nueva sexología entronca con la decisión de irresponsabilizarse del propio placer analizando los motivos de su imposibilidad.

Restos de la antigua decencia, en ese sólo hablar del cuerpo femenino; temor a exhibirse deseosas del cuerpo masculino, pudor de exteriorizar la adoración o la inquietud que despierta. Pudibunda exigencia de dulzura, de cariño y respeto, como principio y fin de la sexualidad. Nunca mostrar el celo, el hambre de un cuerpo masculino. ¿Qué sexualidad asumen las mujeres no hablando más que de sí mis­mas? ¿Cómo, si el otro fuera verdaderamente deseado, podrían exigírsele tantas eficacias, y nunca preguntársele su vulnerabilidad, su seductibilidad más allá de la costumbre? Si las mujeres logramos ena­morarnos alguna vez de algo que no fuera nuestro propio reflejo, no medió en ello la autista, austera, sexología feminista (aunque sí el impulso general al feminismo, su tendencia hacia la conquista de un yo femenino que también podría haber sido un yo deseante, enamorado).

Pero el discurso feminista sobre la sexualidad no se planteó, como necesario punto de partida, la mujer ante el cuerpo masculino deseado, por más que insistiera en que el “deseo” no era propiedad masculina. Este “deseo” aparecía en ese discurso como sin objeto, como si no quisiera confesarlo, o como una circunstancia fisiológica. Si no lo suponemos implícito (dis-culpado) en la metafísica propiamente amorosa (“heroínas” del amor pasión), nos sería difícil encontrar un discurso sexual de las mujeres sobre los hombres. Y el feminismo clausuró aún más esa posibilidad, esa libertad, cegándose al cuerpo masculino, rechazándolo como símbolo de la opresión, o insistiendo en el cuerpo femenino como único deseable.

En lo sexual, el feminismo fue inmensamente valioso en su sentido negador. Debió ser sólo destructor de mitos, destructor de métodos, imposiciones y enseñanzas, directamente opuesto a toda normatividad o recuperación moral de la sexualidad. Tampoco tiene ninguna utilidad si se parte de una resignación fundamental que busca rápidos culpables donde harían falta lentos, variados, atrevidos, gozosos aprendizajes.

IV. Líbranos del amor

… una filosofía del amor allí donde no ha de esperarse sino su afirmación
R. Barthes

En los sesentas, la tradición moderna que considera al amor como revolucionario (versión surrealista: el amor contra la “vida sórdida”; versión miliciana: “el mundo cambia cuando ojos se besan”), combina la noción de amor por la humanidad (haz el amor y no la guerra) con la reivindicación de la sexualidad libre, y sólo en apariencia asume la defensa del amor pasión. Como conjunto, estas tres instancias de lo amoroso se someten a una misma politización, una renovación de su significado ideológico. Así en una sociedad de solitarios, unidimensionales y competitivos, el amor (por personas concretas, por el género humano) es revolucionario, colectivizador solidario. En una sociedad represora de la sexualidad, que enseña a temerla o a invertirla para el futuro, la libertad sexual implica revuelta, escándalo público, resistencia de particulares. Del amor pasión en cambio no puede hacerse politización alguna ni vocación colectiva ni desmi­tificación de valores establecidos como no sea el rechazo de toda obediencia que desde siempre le es propio indiferente a la ideología dominante como a la moral revolucionaria, recoge y asume en cada instancia sólo su propia tradición, la de todos los amantes de la historia; es marginal pero privado, atravesado por la socialidad que le es contemporánea y también impermeable a ella, a la vez en íntima disputa con la historia e igual a sí mismo: ahistórico. No se le puede valorar moral o políticamente más que desnaturalizándolo, exigiéndole que sea otra cosa; pero su fuerza está precisamente en negarse a ser otra cosa, en negarse a servir.

El modelo amoroso que proponen las ideologías, un ideal fraterno que supone una sexualidad desdramatizada y pacífica, relaciones múltiples y desjerarquizadas, apertura de la intimidad, verbalización de los sentimientos, colectivización del hogar, los hijos, la economía doméstica. El amor pasión, en ese nuevo orden, es una especie de floración deforme que perturba el panorama de armonía en que nada es exclusivo más que a riesgo de ser posesivo y reaccionario, donde la lealtad es grupal y la libido es circulante.

Además, el feminismo tenía sus propios motivos para encontrar inconveniente al amor pasión. Primero, porque precisamente demanda una libertad sexual no (re)moralizable. De ahí el primer conflicto: el feminismo desmontó las piezas de la jerarquía familiar (si bien desatendiendo la crítica del papel femenino en esa jerarquía), denunció la competencia entre las mujeres, rechazó la fidelidad impuesta a éstas por el patriarcado, y por el otro extremo prohibió a toda feminista perjudicar los intereses “amorosos” de otra mujer. Con ello llegaba a considerar a cada hombre como propiedad de su compañera. Por el mismo camino, siguió considerando a la soltera como peligrosa y exorcizable, bruja entre las brujas como entre las señoras. Como si se tratara de una ideología adaptable a cada instancia de sufrimiento de una mujer, el feminismo lo mismo podía servir para atacar la monogamia institucional que para defender la propia. La libertad sexual ganó la batalla sólo a condición de desapasionarse. Lo esencial es la desvalorización de lo amoroso-privado: desvalorización de la pareja en favor del grupo, desvalorización de la atracción sexual o del amor adúltero en favor de intereses fraternos (el “amor” hacia las mujeres en su conjunto privilegiado sobre el amor por tal o cual persona). Las ideologías se pueden permitir ser sexualmente permisivas, pero dar carta de naturaleza al amor pasión es renunciar a un espacio que por vocación han de ocupar. Más allá, el feminismo criticó las formas (las normas) del cortejo, de la puesta en escena amorosa, su reparto de papeles; hizo su historia, condenó el inventario de actitudes que las costumbres exigían de las mujeres en trance amoroso. Propuso formas de sexualidad, formas de convivencia, formas de trato, de coqueteo, de lenguaje. Pero no podía proponer formas de pasión. Al desmitificar, releer, combatir, violentar las estructuras que reproducen la opresión femenina, hizo una profunda crítica de la pareja monogámica heterosexual, núcleo familiar. Pero es sabido que la pareja no es el amor, ni siquiera esa pareja es la única posible.

En cambio, coincidió en proponer formas de vida nueva que exigen comportamientos sólo concebibles en asociaciones amoroso-fraternales y unívocas (permanentemente “cariñosas”), por oposición a la esencia dialéctica, semiagresiva, cuasi-autorrenunciatoria, peculiarmente egoísta, del amor pasión, el ideal feminista tendía confusamente a parejas fraternales si no a las convivencias grupales, comunas, etc.

Ese modelo de relación amoroso-fraternal suponía la subordinación de fuerzas ciertas, como los celos, el deseo amoroso de tener hijos, la pasión monogámica, la rivalidad, la complicidad de los amantes frente a “los demás”… Intentaba uncir esas fuerzas a la claridad y univocidad de la nueva moral. Como su intento resultaba repetidamente vano, en cuanto la pareja reorganizada y revisada o inmersa en el grupo se encontraba de nuevo en la particular tensión amorosa, las feministas recuperaban el lenguaje de la queja o de la acusación ideológica, confundían las lamentaciones amorosas con reivindicaciones y, si obser­vaban desde fuera, encontraban a toda mujer enamorada defectuosamente feminista, voluntariamente sometida. La patética conclusión fue que el amor es un lazo mediante el cual los hombres nos oprimen, nos someten cuando ya no tienen otro recurso; amarlos es embriargarse y cegarse; si nos fuerza a soportar y desear la cerca­nía del tirano, librémonos del amor.[5]

Al parecer, el amor pasión y las desdichas o felicidades que de él se derivan no son social y políticamente analizables en última instancia. Si pueden llegar a serlo, seguramente no será a base de negar su existencia ni de advertir contra el amor como contra una falta o caída. Esto último no es sino una repetición del viejo gesto burgués que lo condena por improductivo o indecente, o al juicio cristiano que lo tacha de idolatría, defección del amor (comunitario) a Dios. Así también, el ir y venir de la atracción por múltiples objetos amorosos a la pasión por un solo cuerpo no implica una opción entre posturas ideológicas contrarias, sino la alternancia de estados amorosos (de los que “no cabe sino la afirmación”).

En la práctica el feminismo cargó el vínculo amoroso entre dos personas de una vigilancia ideológica paralizante y de peculiares obligaciones disculpatorias, y contribuyó al miedo al amor que marca hoy la promiscuidad recién ganada.

La actual vuelta a la privatización implica más una renuncia de lo público que una valoración de lo privado. Si los dialectos psicológico-políticos, que servían para analizar la vida privada y que llenaron la cotidianidad con sus amplificaciones de la minucia y su adscripción de cada gesto al progreso o retroceso de la historia, están hoy fatigados, no por ello los valores que los fundaban y la moral que respiraba en ellos tienen menos aceptación. Así, la intimidad con una o dos personas puede ocupar toda nuestra atención, pero nuestra desconfianza hacia la validez de esos vínculos (de dependencia, de complicidad aisladora, de vergonzante cuasi-monogamia, de cuestionable posesividad) es la misma; como no podemos oponerles valores colectivos y los proyectos grupales se han hundido con estampidos o con gemidos, les oponemos valores “individualistas”: así la soledad como heroísmo, la autonomía como prenda intocable, la habitación o la casa propias como espacio vital. Y los amores no-comprometidos, efímeros, múltiples. Porque da miedo y pereza volver a entrar en ese laberinto, eso mismo “que ya sabemos y se acaba”, ese tejido de falsedades, necesidades, exigencias, mecanicidades, en que nuestras convicciones son vulnerables: cuidémonos del amor, en este extremo acobardamiento.

V. Sálvese quien pueda

La gran borrachera ha terminado. La feminista del grito vuelve a casa. Se sienta, depone banderas y cintas, reflexiona con angustia sobre sus labores, revaloriza el ámbito privado. Un día nos preguntarán cómo ha terminado esta historia del feminismo, como ha sido que, a una tal furia de esperanza haya seguido una indiferencia hermana del nihilismo.
María Antonieta Macciocchi

El feminismo que queda se decanta hacia la profesionalización, hacia el anquilosamiento dogmático de la tendencia “radical”, o hacia la domesticación. Queda el feminismo oficioso de las mujeres que lo vivieron como una carta blanca de inmunidad intelectual, ideológica, se­xual, profesional. La confusión que para algunas fue fértil y para otras devastadora, fue para muchas secundaria, porque lo principal era haber descubierto un código nuevo en el que siempre tenían razón, un lecho cómodo para todas las mediocridades, un medio de vida y de hacer carrera. Como postura reivindicativa, como lectura verosímil de las psicologías, el feminismo está agotado. Como crítica de lo cotidiano y de las “evidencias” ideológicas fue un punto de vista de enorme fuerza y riqueza.

Como catálogo de actitudes tiene hoy un regusto envejecido y oprimente. Atravesó una variedad fascinante de posi­bilidades y se fue quedando al final con demasiado pocas, demasiado resignadas. Si hemos de desexualizarnos, masculinizarnos, desmaternizarnos, homosexualizarnos o refugiarnos en un convento de mujeres victimadas, ¿dónde está lo nuevo, la posibilidad recién creada? Si el feminismo sobreviviente concluye que sólo cabe inventar un mundo aparte, feminizar la sexualidad (suavizarla) porque no es concebible la androginia y porque la visión unívoca (femenina) de la sexualidad prohíbe considerarla igualitariamente violenta y tierna, simbólicamente contradictoria y alternante; si hay que renunciar a la maternidad, porque ya no sabemos cómo, dónde, con qué deseos, en qué convivencia, para qué esperanza, desde qué cuerpo tener hijos; si hay, que prescindir del amor que nos captura en las manos del más fuerte, vigilar la aparición de ese hongo maligno, la pareja, ese desconocido temible, lo masculino; si esto es así, el fracaso es evidente, está ya asumido en la sustancia misma de esas posturas.

Fracasamos si no tenemos más recurso que cerrar los ojos para ex­cluir a los hombres, porque sigue potencial e imperturbada nuestra debilidad, nuestra incambiada vocación de víctimas; o si hemos de hacer de machos, cosificar a los hombres, defender como “hombres” nuestro alto destino de profesionistas, re-legislar y re-milificar la sexualidad, si no hemos arrebatado al poder patriarcal ningún espacio en que vivir de otra manera…

Entre tanta invención e imaginación, no habríamos descubierto ni creado sino nuevas, normas, nueva moral, nuevas prohibiciones, exclusiones resentidas o temerosas, autorrenuncias y caminos de santidad, homosexualizaciones doctrinales, fisiologías fijas, sentimientos obligatorios, fórmula de condena, pecados de última hora, retórica socialmente reconocida: miedo a repetir lo que no podríamos repetir, terquedad en recrear lo viejo allí donde suponemos lo nuevo.

Lo que permanece es la difusión amplísima del feminismo como ideología, rica en variantes como en incoherencias. El feminismo participa de la crisis del psicoanálisis, de la crisis del marxismo. Sus cuentas con los discursos establecidos no están saldadas ni se ha modificado la realidad social de millones de mujeres. Como movimiento se ha disuelto en su mayor parte, aunque las modalidades de la desmovilización son numerosas. Integra un nuevo sentido común pleno de gestos excesivos que ya no son criticados, sino que obedecen a una incuestionada mecánica; sigue produciendo, como un aparato pensante de compuesto, un discurso repetitivo que sólo se demora en bizantinismos teóricos o en exaltados y sorpresivos re-plays.

Como de tantas militancias, es cierto del feminismo que lo mejor está en las mujeres y los hombres que lo abandonaron para intentar otras formas de crítica y de invención de la vida. En la desmovilización general, “el feminismo institucionalizado que muere es sustituido por la revuelta molecular, invisible desde el exterior, en las costumbres, la sensualidad y las relaciones con el cuerpo, con la palabra… Nada se olvida en lo más hondo de una coraza caracterial experimentada que se ha ido formando en estos años.” (M.A.M.) Nada se olvida: si hemos rescatado el cuerpo de su empleo en la reproducción, del dolor en el aborto, la imposición y la costumbre del coito, del traje sastre matrimonial, del encierro nocturno, de la protección masculina en la ca­lle y en el viaje de la necesidad de la compañía, de la belleza robotiana, el feminismo no es en absoluto un pasado renunciable, aunque sea ciertamente un presente incompartible.

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Notas

[1] Muchas mujeres vivieron procesos semejantes sin haber asistido nunca a los grupos… Por su capacidad de contaminación social, el feminismo es mucho menos minoritario dejo que se cree. Lentamente el discurso feminista imitó el sentido innovador, el encierro y el estilo del grupo.

[2] En muchísimos casos; el temor a la presencia inhibidora de los hombres era claramente paranoico, demostraba más una incapacidad ya consagrada que una intención política: he visto a un conjunto de ciento cincuenta mujeres cerrar la única ventana del local en que se reunían, y optar por asfixiarse, porque por esa ventana se asomaban dos hombres para escuchar en silencio (La Sal, Barcelona 1979). También se hicieron revistas sólo de mujeres, es decir no sólo dedicadas al tema de las mujeres sino sólo a cuanto ellas hicieran: ensayos teóricos, notas de libros, crítica teatral, cinematográfica y artes plásticas sobre y por las mujeres. Como énfasis es comprensible; como revistas eran malas, porque más que vincular o descubrir aislaban extrañamente fenómenos de una realidad que no se había partido en dos en absoluto. Ni siquiera para conformar un marco teórico del feminismo es posible excluir a los autores varones.

[3] Mabel Piccini: “Notas para la discusión”, conferencia inédita.

[4] Evidentemente, ello no obsta para la justicia de la protesta homosexual por la persecución de que el lesbianismo es objeto, ni para el conocimiento por parte de las lesbianas de formas específicas de la opresión de las mujeres y del funcionamiento de la ideología patriarcal.

[5] Puede argüirse que esta formulación es exclusiva del feminismo llamado radical y, desde luego, que su proposición teórica proviene de las homosexuales, pero no puede negarse que casi todas las feministas intentaron un reordenamiento de su convivencia en términos fraternales o sustituyeron el discurso amoroso por el análisis feminista (antes de renunciar al trato con el otro sexo o cada vez que lo reemprendían).

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lunes, 20 de diciembre de 2010

Continúa la impunidad criminal

MÉXICO .- Manuel Monge Amparán, cuñado de Marisela Escobedo, activista asesinada el jueves frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, fue encontrado sin vida la mañana del sábado en calles de la colonia Constitución, de la fronteriza Ciudad Juárez, horas después de que fue "levantado" por un comando.

De acuerdo con El Diario de Juárez, fue ayer cuando se dio a conocer la identidad del cuerpo que fue hallado el sábado a las 11:08 horas.

De acuerdo con información de la Fiscalía General del Estado, la víctima encontrada era Manuel Monge Amparán, hermano de José Monge Amparán, pareja sentimental de la activista Marisela Escobedo.

"El Diario de Ciudad Juárez" añadió que los datos oficiales difundidos indican que Monge falleció por "asfixia por sofocación", y los datos proporcionados desde el sábado indicaron que "la víctima se encontraba envuelto con una cobija a rayas de color morado y azul", sin huellas visibles de violencia ya que tenía el rostro cubierto con una bolsa de plástico y estaba atado de pies y manos con cinta adhesiva en color gris.

El sábado, un comando "levantó" a Manuel Monge de la maderería de su hermano. Los hombres armados rociaron gasolina y prendieron fuego al negocio antes de huir.

Incendian negocio del esposo de Marisela Escobedo

México,Juárez: incendian negocio del esposo de Marisela Escobedo
http://www.kaosenlared.net/noticia/mexico-juarez-incendian-negocio-esposo-marisela-escobedo
Antes de las 9 horas, un grupo de agresores roció de gasolina la maderería de José Monge Marroquín, cónyuge de la activista asesinada ayer. Reportan que 'levantaron' a su hermano y socio.

Miroslava Breach Velducea, corresponsal
Publicado: 18/12/2010

Chihuahua, Chih. Un negocio de maderas, propiedad de José Monge Marroquín, esposo de la señora Marisela Escobedo, asesinada el jueves, fue quemado esta mañana en Ciudad Juárez y uno de sus copropietarios levantado por un comando armado.

La fiscalía general del estado, confirmó que de acuerdo a los primeros reportes, un grupo armado llegó hasta el negocio ubicado en la colonia La Cuesta, y le prendió fuego al inmueble rociándolo con gasolina.

La empresa, denominada Maderas y Materiales Monge, ubicada en las calles Oscar Flores y Sierra Madre del Sur, en la colonia La Cuesta, es propiedad de José Monge Marroquín, esposo de Marisela Escobedo y durante el ataque fue levantado su hermano y socio, Arturo Monge Marroquín.

En el incendio se reportaron pérdidas totales.

El ataque fue perpetrado esta mañana, cuando los restos de la activista Marisela Escobedo Ortiz estaban siendo velados por sus familiares en una funeraria de Ciudad Juárez, donde la policía única del estado, montó vigilancia permanente.

El vocero de la fiscalía general del estado, Carlos González, dijo que hasta el momento, con los datos que se tienen no se puede establecer que tanto el incendio como el levantón de uno de los propietarios del negocio de maderas incendiado, tengan relación con la muerte de la señora Escobedo.

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2010/12/18/ciudad-juarez-incendian-madereria-propiedad-de-pareja-sentimental-de-activistas-marisela-escobedo

Movilización por asesinato de la activista Marisela Escobedo

México: Movilización por asesinato de la activista Marisela Escobedo. Autoridades responden con la fuerza pública
http://www.kaosenlared.net/noticia/mexico-movilizacion-asesinato-activista-marisela-escobedo-autoridades-
Organizaciones civiles se movilizaron en la Ciudad de México y en Chihuahua para exigir justicia ante el asesinato de Marisela Escobedo Ortiz y un alto a los feminicidios en México.
Foto: Yasmín Ortega Cortés/La Jornada

Cómo se había programado desde que se difundió la noticia del asesinato de activista Marisela Escobedo Ortiz, diversas organizaciones ciudadanas se movilizaron en la Ciudad de México para reclamar a las autoridades el castigo a los responsables por el atroz homicidio.

La respuesta ante las movilizaciones no se hizo esperar y las fuerzas de Seguridad Pública del Distrito Federal se desplegaron para impedir el paso a las y los manifestantes en la Ciudad de México, quienes primero se apostaron a las puertas de la Secretaría de Gobernación, sin embargo, ante el impedimiento por parte de la fuerza pública se dirigieron al Paseo de la Reforma donde realizaron bloqueos por algunos minutos, para después dirigirse a las oficinas de la Procuraduría General de la República. En la ciudad de Chihuahua también se realizaron movilizaciones, incluso, ciudada@s improvisaron un altar a las puertas del Palacio de Gobierno, lugar donde fue ultimada Marisela.

El feminicidio de Rubí Frayre Escobedo, hija de Marisela Escobedo, ocurrido en 2008 es uno más de los cientos que permanecen impunes en México, de esto es responsable el Estado, ya que ha permitido la proliferación de los asesinatos de mujeres por el simple hecho de ser mujeres.

Cesar Duarte, gobernador de Chihuahua, dio a conocer la noticia de la destitución de los jueces que liberaron a Sergio Rafael Barraza Bocanegra, asesino de Rubí Frayre, sin embargo esta medida es insuficiente, es necesario castigar penalmente a todos los que permitieron que Sergio Rafael Barraza fuera absuelto a pesar de haber confesado su crimen; también a quienes se negaron a escuchar y proteger a la activista quien ya había señalado las amenazas por parte de la familia del asesino de su hija. El Estado mexicano es responsable, por acción y omisión, de la muerte de Marisela Escobedo Ortiz.

Kaos. México


Asesinato de Marisela Escobedo desata indignación en diversos sectores del país

F. Camacho, M. Norandi, A. Becerril, A. Muñoz, G. Saldierna y C. Arellano

La Jornada

El asesinato de la activista Marisela Escobedo Ortiz, ocurrido la noche del jueves frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, despertó una reacción unánime de indignación en activistas, legisladores y académicos, quienes exigieron castigo a los responsables del crimen y acciones contundentes de las autoridades para detener losfeminicidios en todo el país.

Ayer, en la ciudad de México, unas 150 personas se manifestaron ante la sede de la Secretaría de Gobernación (SG) para expresar su repudio al asesinato, y bloquearon alrededor de 20 minutos Paseo de la Reforma, a la altura de la Procuraduría General de la República (PGR).

En medio de consignas como No más violencia contra las mujeres y Si tocan a una, nos tocan a todas, los inconformes fueron replegados y cercados por un grupo de granaderos, para, finalmente, acordar con Lorenzo Gómez Hernández, director de Atención Ciudadana y Concertación Política de la SG, que este lunes se pondrían en contacto para agendar una posible reunión.

Los manifestantes, en voz de María de la Luz Estrada, del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, y Andrea Medina Rosas, coordinadora de la Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez, demandaron que en un plazo no mayor a 21 días, las autoridades les den fecha y lugar para dialogar con los titulares de la PGR, Arturo Chávez Chávez, y Gobernación, José Francisco Blake Mora.

Asimismo, pidieron reunirse con el gobernador chihuahuense César Duarte; el alcalde de Ciudad Juárez, José Reyes, y los coordinadores de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), y de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra).

Por su parte, organizaciones feministas señalaron que el asesinato de Marisela Escobedo demuestra una vez más que el Estado mexicano no está siendo capaz de garantizar la vida y la seguridad de las mujeres ni de los luchadores sociales.

“Se requiere un cambio de timón a nivel nacional, porque lo que estamos viendo es una guerra contra la ciudadanía, una represión de los defensores de derechos humanos y una victimización de las mujeres frente a losfeminicidios” aseguró Ángeles López García, directora del Centro de Derechos Humanos Victoria Diez, organización integrante del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

Alejandra Sepúlveda, de la organización feminista Pan y Rosas, exigió al gobierno justicia para las muertes de Marisela y Rubí, que se tomen todas las medidas necesarias para el cuidado de la hija de Rubí –que hoy queda por segunda vez huérfana– y que se ponga un alto al feminicidio y a la persecución de luchadores sociales.

Senadores de PAN y PT condenaron el asesinato y exigieron que se investigue a fondo, para impedir que el delito quede en la impunidad. Es urgente que todos los órdenes de gobierno redoblen los esfuerzos para rescatar a Chihuahua y las demás entidades del país que viven secuestradas por la criminalidad, advirtió el panista Ramón Galindo.

Por separado, el senador del PT Ricardo Monreal expresó que ese asesinato provoca indignación, ya que se trata de una luchadora social que pugnaba porque se castigue al homicida de su hija y no sólo no fue escuchada por las autoridades, sino que fue también ultimada por criminales.

El consejo nacional del PRD consideró que el feminicidio de Marisela Escobedo es un crimen de Estado solapado por las autoridades estatales (de Chihuahua) y federales. Ante ello, el presidente del partido, Jesús Ortega Martínez, exigió la renuncia del gobernador César Duarte y del procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez.

En la Cámara de Diputados, la bancada perredista también condenó el asesinato en voz de la legisladora Leticia Quezada, quien consideró inverosímil que Escobedo haya sido asesinada casi frente a los ojos de la autoridad, por un hombre que podría ser el mismo que ultimó a su hija Rubi Frayre en 2008.

El secretario ejecutivo de relaciones públicas e institucionales de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Manuel Corral, calificó de lamentable y dolorosa la muerte de Escobedo, y advirtió que hemos llegado a límites de extrema violencia que a todos nos afecta.

Por la noche, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitió un comunicado en el que demandó a las autoridades una indagatoria eficaz para resolver los asesinatos y llevar ante la justicia al o a los responsables.


Mujeres se declaran en "alerta roja" por el asesinato de Marisela Escobedo

Luis Carlos Cano C.

La Silla Rota

La indignación por el asesinato de Marisela Escobedo Ortiz corrió del norte al centro del país, en voces y cuerpos de mujeres que salieron a las calles de Chihuahua y el Distrito Federal a exigir justicia para la mujer que fue victimada tres veces. Una, con el asesinato de su hija, luego la liberación de su presunto asesino. Y la tercera, la seguramente definitiva, cuando en 15 segundos un hombre la atajó y le quitó la vida al frente del palacio de gobierno del estado de Chihuahua.

En Ciudad Juárez, su tierra, integrantes de organizaciones civiles que se plantaron fuera de las oficinas de la Fiscalía General de Justicia se declararon en "alerta roja" por lo que calificaron como "un crimen de Estado".
Francisca Galván --de la organización Defensora de los Derechos Humanos Paso del Norte--, dijo que Marisela era una líder muy importante y su asesinato “nos deja en alerta roja porque existe la amenaza para otras activistas defensoras de los derechos humanos y de las mujeres”.
Dijo que no está de acuerdo con la línea de investigación que dio a conocer la Fiscalía de que el exyerno de Marisela Escobedo, Sergio Rafael Barraza y responsable del homicidio de su hija Rubí Marisol, fue quien la mató.
“Este es un crimen de Estado por la forma como fue el caso de su hija. Ella investigó, encontró al responsable, lo obligó a decir dónde estaba enterrado el cuerpo y a pesar de eso un panel de tres jueces lo dejó en libertad. Marisela fue víctima de la impunidad y el desprecio de las autoridades mexicanas que han incumplido sistemáticamente todas sus obligaciones en materia de derechos humanos de las mujeres”.
En tanto, en la Ciudad de México, mujeres que se manifestaron en demanda de justicia para la activista Marisela Escobedo, fueron reprimidas por la policía del Distrito Federal. El contingente primeramente se plantó frentre a la sede de la Secretaría de Gobernación, donde fue rechazado por elementos de la Policía Federal.
Posteriormente se movilizó por la Avenida de la Reforma esquina con Insurgentes, donde se detuvo por espacio de 15 minutos. Después se plantaron frente a la Procuraduría General de la República, lugar donde la policía del Distrito Federal lo replegó a la lateral de la Avenida Reforma. Ahí fueron atendidas por un funcionario de Gobernación.
Una voz amenazada
A principios de diciembre, en el foro de los derechos humanos organizado en Juárez, en una entrevista Marisela Escobedo Ortiz dio a conocer que había sido amenazada de muerte por familiares de Sergio Rafael Barraza, ya que un hermano del asesino de su hija le dijo que acabaría con ella si seguía buscándolo.
La activista, en esos días, comentó que "gente de Fresnillo, Zacatecas, que de noble manera le brindaba información, le dijo que la pareja del hermano de Rafael Barraza había indicado que este sujeto acabaría con ella si seguía buscándolo”.
Su hija, motivo por el que Marisela, enfermera, se integra a la lucha social, era Rubí Marisol, quien tenía 16 años cuando fue asesinada por Sergio Rafael en agosto de 2008.
El cuerpo de la joven fue encontrado casi un año después junto a huesos de cerdo, en un terreno.
Marisela, junto con las abogadas del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM), que un tribunal de casación (integrado por tres magistrados) rectificara la decisión de los jueces que primero lo liberaron, logró obtener una sentencia condenatoria contra Sergio Rafael, asesino confeso, en el que se le condenaba finalmente a 50 años de prisión. Pero tuvo tiempo para darse a la fuga.
En Chihuahua realizaron otra protesta frente a palacio de gobierno, exactamente en el sitio donde mataron a Escobedo Ortiz.
Lucha Castro, coordinadora del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM), dijo que no se puede descartar ninguna línea de investigación, incluida la de un crimen de Estado, "pues Marisela no iba a parar hasta que detuvieran al asesino de su hija".
Desafuero para los jueces
Por su parte, el gobernador César Duarte determinó el desafuero de los jueces Netzahualcóyotl Zúñiga Vásquez, Rafael Boudib Jurado y Catalina Ochoa Contreras, responsables de dejar en libertad al homicida confeso de la menor Rubí Marisol.
“Se le está dando un seguimiento puntual al hecho y tenemos una línea de investigación inmediata a quien asesinó a la hija de la señora Maricela Escobedo. Este sujeto fue novio de la hija de la señora y, desgraciadamente, asesinó a su hija”, dijo el gobernante.
Marisela murió a las puertas de Palacio de Gobierno y frente a la cruz de clavos que colocaron la red de Mujeres de Negro y madres de las jóvenes victimas en el estado de Chihuahua. Dijeron que Marisela fue asesinada en su lucha por hacer justicia.
Por su parte, Carlos Manuel Salas, fiscal General del Estado de Chihuahua, dio a conocer que “el asesino de Marisela Escobedo, ultimada ayer en Palacio de Gobierno, no es Sergio Rafael Barraza Bocanegra, sino un sujeto desconocido”.
El titular de la Fiscalía Estatal señaló que en la escena del crimen estaban junto con Marisela uno de los hermanos de la occisa, una acompañante y la hija de Rubí Frayre, éstas dos últimas en la camioneta que se encontraba estacionada frente a la Cruz de Clavos que recuerda todos los feminicidios que se han presentado en Chihuahua.
Descartó que se trate de Barraza Bocanegra debido a que los testigos afirmaron que era una persona distinta, que jamás habían visto, forcejeó y persiguió en particular a la activista Marisela Escobedo hasta dispararle en la cabeza.
Marisela, siendo especial, pasa a la lista de mujeres que en este año han sido asesinadas en Chihuahua. Son 302, según el conteo de la Subprocuraduría de Justicia Estatal, Zona Norte, a través de lo que llaman Protocolos de Comunicación. Casi una por día.
Son 427 registrados de enero de 1993, al 31 de diciembre de 1997, fechas en las que se registraron los llamados feminicidios. El 2008 se cometieron 87 homicidios, y en el 2009 tuvo un total de 164 casos.
Por su parte, mediante un comunicado, el gobierno federal condenó "el cobarde homicidio de la señora Marisela Escobedo Ortiz, perpetrado el día de ayer en la ciudad de Chihuahua. A sus familiares y amigos, manifiesta las más sentidas condolencias".
En el boletín reprobó el desempeño de los tres jueces del Poder Judicial del Estado de Chihuahua,que dictaron sentencia absolutoria del presunto homicida de Rubí Frayre, hija de la señora Escobar Ortiz.
"?El gobierno federal --concluyó-- exhorta a las autoridades judiciales de Chihuahua a evitar que con decisiones como esta,propicien espacios de impunidad que generen violencia como la demostrada con este asesinato."
Cronología:
-Rubí Marisol Frayre Escobedo fue reportada como desaparecida en septiembre de 2008 por su madre Marisela Escobedo, quien afirmó que Sergio Rafael le había confesado a su padre haber asesinado a Rubí, por lo que presuntamente fue entregado a la Policía Municipal, pero fue liberado al no encontrar evidencia del delito.
- El 16 de junio de 2009 Sergio Rafael Barraza Bocanegra fue detenido en Fresnillo, Zacatecas, y trasladado a Chihuahua junto con su hija, la que fue entregada a la abuela materna, es decir, a Marisela.
- El 18 de ese mes Barraza Bocanegra presuntamente confesó a policías ministeriales el crimen cometido y dio a conocer el lugar exacto donde estaba el cuerpo de Rubí.
- Los restos de Rubí Marisol fueron localizados en un basurero de la colonia Fronteriza Baja por elementos de la Unidad Especializada de Investigación de Personas Ausentes y/o Desaparecidas.
- Magistrados liberaron a Barraza por considerar que las pruebas presentadas por el Ministerio Público eran insuficientes. Desde entonces Marisol emprendió acciones para exigir la reaprehensión del asesino de su hija.
- En un recurso de casación, un Tribunal de Segunda Instancia revocó la absolución de Barraza Bocanegra y le dictó sentencia de 50 años de prisión, pero éste ya había abandonado la ciudad y no fue reaprehendido, lo que generó que Marisela Escobedo emprendiera la búsqueda por sus propios medios.
- Marisela encontró al homicida en Zacatecas en un domicilio que fue rodeado por la policía de aquella ciudad, pero logró escapar de nuevo al no existir reporte de búsqueda girada por autoridades de Chihuahua.
- La Procuraduría de Justicia del Estado ofreció una recompensa de 250 mil pesos a quien proporcionara información que permitiera la captura del homicida, lo que a la fecha no ha ocurrido.
- Apenas el sábado pasado, Marisela recibió de parte de unos vecinos una carta donde presuntamente Sergio confiesa, otra vez, que él mató a Rubí Marisol. Ese mismo día la mujer dijo que había sido amenazada por familiares de Barraza. La carta decía así:
“En donde quiera que te encuentres mi amor quiero que sepas que te amo, y te pido perdón, perdoname por aberte pribado (sic) de tu vida mi amor”, dice la misiva. Marisela aseguró que vecinos de la familia Barraza se la entregaron luego de encontrarla entre la basura que dejó la familia del acusado, cuando abandonó la ciudad.
El escrito está en una hoja de cuaderno de rayas, por un lado le dirige unas palabras a Rubí, asesinada y calcinada a finales de 2008. Al reverso le dirige una palabras a la hija de ambos, Heidy Rubí, ahora de dos años de edad.

Video de la movilización en Ciudad de México y la respuesta de las autoridades

La Silla Rota

http://www.youtube.com/watch?v=bDxpUtOm-G0&feature=player_embedded

México: Crimen de Estado; asesinan a Marisela Escobedo.

México: Indignante asesinato de una activista que exigía justicia para su hija asesinada
http://www.kaosenlared.net/noticia/video-mexico-indignante-ejecucion-activista-exigia-justicia-para-hija-
Marisela Escobedo Ortiz fue ejecutada mientras protestaba frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua por la liberación del asesino confeso de su hija Rubí.

Ultimo Momento: Policía Federal reprime manifestación por asesinato de Maricela Escobedo
SDP

De acuerdo a reportes emitidos en twitter por diversos usuarios, alrededor de 50 manifestantes se enfrentaron con elementos de la policía federal en las inmediaciones de la Segob.

Ciudad de México.- Según un reporte publicado en la red social Twitter, la policía federal esta reprimiendo a los activistas que se manifiestan, afuera de la secretaría de Gobernación, por el asesinato de Marisela Escobedo.

De acuerdo a reportes emitidos en twitter por diversos usuarios, alrededor de 50 manifestantes se enfrentaron con elementos de la policía federal en las inmediaciones de la Segob.Por otra parte, también se reporta que al no ser recibida una comisión en la Segob los manifestantes se dirigieron hacia las instalaciones de la PGR en Reforma.


EL ASESINATO DE MARISELA ES UN CRIMEN DE ESTADO
Kaos. México

Marisela Escobedo Ortiz protestaba frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua la noche del 16 de diciembre al momento en que fue ejecutada a sangre fría. Tres jueces, en un juicio oral amañado, decidieron poner en libertad al asesino confeso de su hija Rubí.

Este crimen de estado-tanto poder judicial como ejecutivo en los niveles estatal y federal son responsables-pone nuevamente el "dedo el la herida" respecto al tema de la indefensión en que se encuentran las mujeres en México. Es inadmisible que se haya liberado a un asesino confeso y las autoridades estatales y federales se hallan negado a escuchar siquiera a la madre que clamaba justicia para su hija.

La señora Marisela se había convertido en un personaje incómodo para el gobierno de Cesar Duarte, ya que su caso puso en evidencia, una vez más, la impunidad que impera en el estado de Chihuahua y en todo México.

A medida que han pasado las horas se han multiplicado las expresiones de repudio por este brutal feminicidio. diversas organizaciones de defensa de los derechos humanos y de las mujeres han levantado la voz para exigir justicia y han llamado a movilizarse contra de estos atroces contecimientos.

Nos sumamos a las voces de condena por este asesinato y por los cientos de feminicidios que en México permanecen impunes.

Kaos. México


Ejecutan a mujer que encaró a las autoridades de Chihuahua por liberar al asesino de su hija

Miroslava Breach Velducea

La Jornada

Marisela Escobedo Ortiz, quien se mantuvo en plantón en la plaza Hidalgo durante las dos semanas recientes para exigir justicia por el asesinato de su hija Rubí Frayre Escobedo –perpetrado en 2008 por Sergio Rafael Barraza Bocanegra, a quien se exoneró en un juicio oral en mayo pasado y sigue prófugo– fue asesinada esta noche de un balazo cuando se encontraba a las puertas del palacio de gobierno. El atacante la mató cuando colocaba una manta de protesta.

Testigos dijeron a la policía que el individuo se acercó a la activista, le disparó y huyó sin que alguien intentara detenerlo.

Marisela Escobedo comenzó sus protestas en demanda de justicia después de que Sergio Rafael Barraza, pareja de Rubí, fue liberado por tres jueces que consideraron que por "técnica jurídica" no podían condenarlo, a pesar de que confesó el homicidio.

Los jueces consideraron que las declaraciones de Barraza Bocanegra y de los testigos fueron insuficientes para demostrar la responsabilidad de Barraza, y con base en esta duda dictaron sentencia absolutoria.

El juicio fue repuesto y un tribunal de casación condenó a Barraza a 50 años de cárcel; sin embargo, el homicida huyó en cuanto fue liberado.

Escobedo reclamaba que se persiguiera a Barraza con la misma eficiencia con que se capturó a los presuntos responsables del secuestro y homicidio de Humberto Medina Vela, familiar del gobernador César Duarte.


Manifestamos nuestra indignación y profundo dolor ante el asesinato de la compañera Marisela Escobedo Ortiz

Nuestras Hijas de Regreso a Casa A.C.

A pesar de los claros mensajes que nos deja el asesinato de la compañera Marisela, este hecho indignante no nos detendrá. Seguiremos esta lucha de manera incansable. Su espíritu decisivo, su energía para defender el caso de su hija, su firmeza de carácter y demás cualidades que la hicieron una gran defensora de los derechos humanos, serán nuestra guía y ejemplo para continuar el camino por la justicia y la verdad. La muerte de la compañera nos deja en la más profunda tristeza, pero a la vez nos impulsa a trabajar con más fuerza por lograr nuestros propósitos, que eran los suyos.

Con este lamentable hecho que nunca debió ocurrir, nuestros gobiernos deben asumir su responsabilidad pues también para ellos hay mensajes contundentes.

Aquí esta claro que ante la incapacidad y desinterés por parte de quienes deben poner solución a la violencia, cualquiera puede cometer este tipo de actos con la mayor impunidad. Queda demostrado que cada vez mas la defensa de los derechos humanos resulta el mayor riesgo de perder la vida en manos de gente que se escuda en un estado en decadencia donde predominan la criminalidad y el desgobierno, y la falta de respeto a los derechos humanos.aun abatidas por este terrible suceso, reiteramos en memoria de Marisela nuestro firme compromiso por la defensa de los derechos humanos.

No pararemos!!! Justicia!!!

Este ha sido el reclamo que nos acompaña en todas nuestras acciones, y ahora con mas contundencia, con mayor énfasis, con todo nuestro dolor gritaremos por ella y por todas las mujeres que han sido asesinadas.

Basta ya!!! no mas feminicidio!!! Justicia para todas!!!

Marisela ortiz rivera,

Cofundadora de

Nuestras hijas de regreso a casa. A.C.



Organizaciones se pronuncian por el feminicidio de Marisela Escobedo Ortiz

Varias Organizaciones

Ante la incapacidad y el desprecio del gobierno federal y el gobierno estatal, Marisela fue asesinada por pedir justicia para su hija Rubí.

“No me voy mover de aquí hasta que detengan al asesino de mi hija” fueron las declaraciones de Marisela, antes de colocar su pequeño campamento en la Cruz de Clavos NI UNA MÁS, en la Ciudad de Chihuahua. Estaba dispuesta a pasar navidad y año nuevo en ese lugar emblemático, en el que apenas el 25 de noviembre pasado, había participado en una manifestación junto con las madres de Justicia para Nuestras Hijas, para colocar en la cruz, más de 300 nombres de las mujeres que han sido asesinadas en el estado de Chihuahua tan sólo en este año, 2010.

Rubí, tenía 16 años cuando fue asesinada por Sergio Rafael en agosto de 2008. Desde que desapareció y su pequeño cuerpo fue encontrado en un terreno junto a huesos de marranos, la madre de Rubí, Marisela, una enfermera jubilada, dedicó su vida a buscar justicia para su hija, convirtiéndose una defensora de derechos humanos.

El mismo día que el Secretario de Gobernación, Francisco Blake, pedía a la ciudadanía “sacudirse el miedo para combatir a los criminales”, Marisela fue asesinada frente a las puertas del Palacio de Gobierno de la Ciudad de Chihuahua, mientras realizaba una protesta pacífica e indefinida para exigir a las autoridades la detención del asesino de su hija Rubí.

Marisela no sólo se sacudió el miedo, caminó durante días desde la Subprocuraduría de Justicia a la Ciudad Judicial en Ciudad Juárez para exigir sanción para el asesino de su hija. La acompañaban una carriola con su nieta de dos años y un cartel con la foto de su hija Rubí. Un tribunal de juicio oral dejó en libertad al asesino, cimbrando el sistema de justicia.

Marisela, luchadora incansable, logró junto con las abogadas del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM) que un tribunal de casación (integrado por tres magistrados) rectificara la decisión de los jueces y logró obtener una sentencia condenatoria contra Sergio Rafael, asesino confeso, en el que se le condenaba finalmente a 50 años de prisión.
“Ya me cansé de hacer su trabajo, ahora les toca a ellos” decía Marisela. Efectivamente, mientras las autoridades no lograron encontrar a Sergio Rafael, Marisela con sus propios recursos, lo ubicó en Zacatecas y dio aviso a la Procuraduría de Chihuahua, que alegó que por trámites burocráticos no pudo detenerlo.

La Procuraduría del estado de Chihuahua le informó a la madre, que en coordinación con la Procuraduría General de la República y las de los Estados “se encontraban buscando al asesino de su hija en todo el país”. Nunca lo encontraron.

Durante dos años, recorrió el país. Regresó a Zacatecas, viajó a la Ciudad de México donde solicitando audiencia con el Presiente Calderón y con el Procurador Arturo Chávez Chávez, quienes se negaron a recibirla. Se entrevistó con mandos de la Procuraduría General de la República que le prometieron que buscarían al asesino de su hija. Tampoco lo encontraron.
Días antes de ser asesinada, acudió a un acto donde se encontraba el Gobernador de Chihuahua, César Duarte y sacó una pancarta que decía “justicia, privilegio de gobiernos”. La solicitud de Marisela hizo enojar al Gobernador, como lo documentaron varios periódicos locales. El gobernador incluso la regañó y despreció. Después, logró entrevistarse con el Fiscal del estado de Chihuahua que le prometió que revisaría su caso.

Lucha Castro, coordinadora del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM) declaró “en estos momentos, no se puede descartar ninguna línea de investigación, incluida la de un crimen de estado pues Marisela no iba a parar hasta que detuvieran al asesino de su hija”.
Marisela murió a las puertas del Palacio de Gobierno y frente a la cruz de clavos que colocaron lared de mujeres de negro y madres de las jóvenes asesinadas en el estado de Chihuahua. Marisela fue asesinada por pedir justicia.

Sr. Presidente Calderón y Sr. Duarte, Gobernador de Chihuahua: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de los ciudadanos para hacer justicia y dónde empieza su labor como autoridades?
Ante tal incapacidad, cantidad de omisiones, desprecio y negligencia, el Estado mexicano es responsable y debe responder inmediatamente por el asesinato de Rubí y Marisela.

Ya basta. Ni una más.

Justicia Para Nuestras Hijas / Centro de Derechos Humanos de las Mujeres.Para mayor información: Justicia para Nuestras Hijas // info@justiciaparanuestrashijas.org // Tel.(614) 413-3355 // twitter: @jpnh01 // Centro de Derechos Humanos de las Mujeres //comunicacion@cedehm.org // Tel. (614) 415-4152.
Una activista más asesinada en Chihuahua El día de hoy amanecimos con la noticia del artero sesinato de Marisela Escobedo Ortiz, quien encabezaba una protesta a las afueras del palacio de gobierno de Chihuahua para exigir el encarcelamiento del asesino de su hija Rubí Marisol.Marisela fue baleada por un hombre que se acercó a platicar con ella cuando la protesta estaba por finalizar, y sin más, huyó sin que nadie lo detuviera.

El caso de Rubí es emblemático del tipo de justicia que en este país pueden conseguir las mujeres. Rubí fue asesinada por su pareja, quien confesó el homicidio e incluso llevó a la policía al lugar en donde abandonó el cuerpo. A pesar de esto, el asesino fue declarado inocente y dejado en libertad. Ante la presión ejercida por Marisela, finalmente fue declarado culpable y se le dictó órden de aprehensión, pero para cuando esto sucedió Sergio Rafael Barraza Bocanegra ya se había dado a la fuga.

Marisela emprendió entonces una larga lucha para conseguir justicia para Rubí, en esta cruzada; realizó sus propias investigaciones y logró ubicar al homicida en Zacatecas. En esta larga jornada, denunció haber recibido amenazas por parte de la familia de este tipo, pero por supuesto, nadie hizo caso.

En México, las mujeres víctimas de violencia pueden esperar cualquier cosa menos justicia. Las autoridades siempre encontrarán pretextos para no castigar a los homicidas y se harán de miles de argumentos para culpabilizar a las víctimas: usaba minifalda, era promiscua, era infiel y un largo etcétera que perpetua la idea de que las mujeres somos seres humanos de segunda, que nuestra vida y nuestra muerte poco o nada valen y que al final de cuentas, somos las responsables de la violencia que se ejerce en contra nuestra.

No permitamos que los homicidios de Marisela y Rubí queden impunes. Cada asesinato, cada golpe, cada insulto contra una mujer nos hiere a todas.

Alto al feminicidio

Justicia para las mujeres asesinadas

Alto a la persecusión en contra de activistas

Hoy vamos a las 17 horas a la Secretaría de Gobernación a exigir justicia para Marisela y Rubí.

Se reúnen en la Fiscalía amigas de lucha de la Madre de Rubí y rompen a llorar por falta de justicia
http://lapolaka.com/2010/12/17/dolor-y-llanto-por-marisela
Compañeras de lucha de Marisela Escobedo, asistieron a las instalaciones de la Fiscalía para lanzar un llamado a la autoridad a que se investigue el caso y se logre dar con el asesino.

Entre los presentes se encontraba Olga Esparza Ramírez, madre de Mónica Janette Alanís estudiante de la UACJ desaparecida hace un par de años, a quien en una ocasión la señora Escobedo se les unió en una marcha.

Esparza Ramírez aseguró que la pérdida es grande ya que el apoyo de la madre de Rubí era fundamental para el grupo.

-Ella era nuestra líder, nos acompaño en todos los eventos con entusiasmo… ella - dijo en tono triste Olga.

Abrazadas arribaron a la explanada del edificio estatal las señoras Evangelina Arce y Berta Alicia García a quienes se les unió en un abrazo Francisca Galván y rompieron en llanto.

Con el llanto en los ojos Evangelina Arce, madre de la joven Silvia Arce desaparecida hace 8 años, responsabilizó al gobierno de la tragedia sucedida ya que no hacer justicia y estas son las consecuencias.

Finalmente manifestó que aseguró que pedir justica puede costar la vida.

-Nos quieren callar y que dejemos todo a la deriva y que no se busque a nuestras hijas ni que se haga justicia sabiendo quienes son los culpables- señalo consternada.

Finalmente dieron a conocer que espera el cortejo fúnebre a las 16:00 horas en la glorieta del kilometro 20 en donde la recibirán con un homenaje.

http://www.youtube.com/watch?v=c2y5mNbVHn0&feature=player_embedded

lunes, 13 de diciembre de 2010

Muere María Ester Gatti



María Ester Gatti


Nació el 13 de enero de 1918, en Montevideo, en la calle Guaná 2012.

Cursó sus estudios primarios en la Escuela Pública en el barrio Cordón, donde vivía. Cuando terminó sus años escolares, ingresó en la Universidad de las mujeres y luego al Instituto Magisterial para recibirse de maestra con 17 años, en 1935.

No pudo comenzar a trabajar en la escuela pública, hasta 5 años después, al negarse a firmar una adhesión al régimen del dictador Gabriel Terra.

En 1948 se casó con Ramón Agustín Islas González de cuyo matrimonio nació el 18 de abril de 1953, su única hija Maria Emilia.

Vivió gran parte de su vida en el barrio de Colón.
Su hija Maria Emilia también inicio sus estudios de magisterio y se caso con Jorge Zaffaroni Castilla en 1973.

Perseguidos por la dictadura por su militancia política en la ROE (Resistencia Obrera Estudiantil), el matrimonio Zaffaroni- Islas debe refugiarse en la Argentina, en donde participan de la fundación del PVP.

El 22 de marzo de 1975, nace en Argentina su nieta Mariana,
El 27 de setiembre de 1976, María Emilia, su esposo Jorge Zaffaroni y su nieta Mariana, fueron secuestrados en Argentina por fuerzas militares uruguayas y argentinas.
A partir de ese momento, María Ester, convirtió su dolor en lucha iniciando una batalla, enfrentada al poder dictatorial primero y a la insensibilidad y la complicidad de los gobiernos democráticos que siguieron a la dictadura.

Junto a Luz Ibarburu de Recagno, Violeta Malugani, Maria Elena Antuña de Gatti, Irma Hernandez y Milka Prieto, inician las primeras denuncias colectivas, (entre ellas a la OEA) de los desaparecidos uruguayos en la Argentina, que darán lugar, posteriormente, a la conformación del grupo de Familiares de uruguayos Detenidos Desaparecidos en Argentina.
En 1979 cuando son ubicados los hermanitos Julien, en Valparaíso, Chile, viaja a ese país, ante la posibilidad de que su nieta haya sido llevada con ellos.

Fue una activa propulsora de las denuncias, ante los organismos internacionales y los distintos estrados judiciales nacionales y extranjeros.

Entre las múltiples gestiones y entrevistas que realiza logra interpelar al mayor Gavazzo en dictadura para reclamarle por su nieta, en el mismo domicilio de este.

Encara la búsqueda en Argentina junto con Abuelas de Plaza de Mayo, donde se recogía la información de los presuntos hijos de desaparecidos.

El 24 de julio de 1980, fallece su esposo de un ataque cardiaco..

En 1983 obtiene la primer información respeto a su nieta, al publicarse en Brasil una entrevista a un represor argentino que dice que otro represor se habría apropiado de la niña.
Viaja a Brasil con la madre de Jorge Zaffaroni, donde realiza contactos con organizaciones de derechos humanos y políticos interesados en el tema.

Posteriormente se recibe información de quien es el represor que se habría apropiado de su nieta, Miguel Angel Furcci, miembro de la SIDE argentina, dando origen a la presentación de la denuncia ante la justicia argentina.

Luego de un largo e irregular tránsito por los juzgados argentinos de la denuncia y el pedido a la justicia de medidas cautelares, se da la fuga de los apropiadores con Mariana, al Paraguay.
Posteriormente viaja a Paraguay junto con Milton Romani, siguiendo datos para ubicar a Mariana.

En 1985, presenta junto a un grupo de familiares de desaparecidos, una denuncia penal ante la justicia uruguaya, la que no prospera en virtud de la aprobación por el Parlamento el 22 de diciembre de 1986, de la Ley de caducidad.

Junto a Elisa Dellepiane de Michelini, Matilde Rodríguez de Gutiérrez Ruiz, a partir del 5 de enero de 1987, preside la Comisión Nacional pro-referéndum, movimiento que busco mediante el referéndum, anular la ley de caducidad.

En ese marco que culminó con la realización del referéndum el 16 de abril de 1989, fue una incansable participante de actividades en todo el país y a nivel internacional. Realizo dos giras europeas, una acompañada de Luz Recagno y otra por Sara Méndez.

En 1992 es ubicada nuevamente Mariana, y le es restituida su identidad y son procesados los apropiadores.

El 19 de abril de 2007, integra la Comisión presidida por Mario Benedetti, del Museo de la Memoria.

El 27 de marzo de 2008, fue designada por la Junta Departamental de Montevideo, ciudadana ilustre.

Fue una impulsora del voto rosado, con el fin de lograr la anulación de la ley de caducidad en octubre del 2009. Durante una de sus últimas apariciones públicas, María Ester expresaba: "No hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar".

Mantiene hasta los últimos días de su vida una infatigable búsqueda de su hija Maria Emilia y todos los desaparecidos. Fallece el domingo 5 de diciembre de 2010, a los 92 años de edad acompañada de su nieta Mariana en la Residencia San José de la calle Millán donde vivió los últimos años formando parte del proyecto solidario “Ibiray”. Al igual que muchos familiares, muere sin saber la suerte de su hija.

05/12/2010.

martes, 30 de noviembre de 2010

Carta abierta a los diseñadores de ropa femenina



Carta abierta a los diseñadores de ropa femenina

Me dirijo a su gremio como clienta suya con la idea de dejarles unas cuantas ideas claras.

En primer lugar, existen en el mundo unos seres que se llaman "mujeres" (sus clientas, por cierto) con unas características físicas determinadas, distintas a las de los hombres, y que van cambiando a lo largo de los años. Una mujer en su plenitud tiene pechos, caderas y culo de mayor tamaño que los de los hombres o las niñas. Y estas partes de su anatomía van aumentando de tamaño con la edad con notable frecuencia. Por otra parte, es muy difícil encontrar dos mujeres iguales; y así, encontramos mujeres con los pechos grandes o pequeños, caídos o respingones... y lo mismo se puede notar en las demás partes del cuerpo. Todos esos cuerpos son estupendos y valiosos en sí mismos. Todos desempeñan a la perfección las funciones para las que fueron diseñados. Y si tienen algún defecto no van a ser ustedes los que lo decidan, no es de su incumbencia.

En segundo lugar, permítanme que les baje un poco los humos. Ya sé que a Balenciaga le han hecho un museo y que Armani ha expuesto sus modelos en el Guggenheim. Pero desengáñense, estos hechos sólo indican que hoy en día el arte se está confundiendo con la decoración, no que los decoradores sean artistas. Ustedes no son artistas, sino artesanos. Su labor consiste en hacer ropa que nos haga sentir guapas y cómodas a las mujeres. Si alguno de ustedes se siente artista, que lo será, puede hacer modelitos para exponer, pero que avise que son obras de arte y no ropa, y que no pretenda que las mujeres nos vistamos con ellos, lo mismo que no se nos ocurre ponernos un Modigliani de sombrero.

Dejen de pretender que las mujeres modifiquemos nuestros cuerpos para meternos en sus "obras de arte". Son ustedes los que tienen que diseñar la ropa adaptada a nuestros cuerpos de mujer, grandes o pequeños, curvos o huesudos, esbeltos o fondones.

Y dejen de engañar y frustrar a las adolescentes. No parimos y criamos a nuestras hijas para que sean esclavas de sus caprichos, para que enfermen y sean desgraciadas, para que se sientan repugnantes en sus maravillosos cuerpos de mujer porque no "entran" en sus estúpidos y deshumanizados (desmujerados) diseños.

Sé que quizá piensen que estoy siendo injusta. Que las leyes de la moda no las dictan ustedes al cien por cien. Que si no diseñan lo que manda el mercado se hunden. Lo admito. Pero son colaboradores necesarios. Existe la ética profesional, la deontología. En todas las profesiones se aplica. ¿Por qué en la suya no?

Honduras: Imparables el femicidio y la violencia contra las mujeres



Honduras: Imparables el femicidio y la violencia contra las mujeres

Marchas y manifestaciones en Honduras el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer. 3 a 5 bebes muertos semanalmente en los basureros de Tegucigalpa

El sistema económico salvaje contra el pueblo y el sistema patriarcal en Honduras aumentan dramáticamente el femicidio. Pero hay una violencia de la que no se habla tanto durante el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer: la explotación de la mujer en el mercado laboral, explotadas, acosadas y humilladas, una violencia que se refuerza con las últimas leyes en el Congreso Nacional como Ley de Trabajo Temporal que afecta principalmente a la mujer.
Debido a la extrema pobreza son encontrados tres a cinco bebes muertos semanalmente en los basureros de Tegucigalpa, dice investigadora en la siguiente entrevista. Acusa la golpista y líder de la organización fascista de las Camisetas Blancas, Marta Llorena, por ser cómplice intelectual, por obedecer más a la sotanas negras de Opus Dei que aplicar el contenido de su firma para la defensa a la mujer en la conferencia internacional en Cairo en la década -90. Son las niñas de 10, 12, 13 años que hoy son madres que se preguntan; ¿“en que mundo cruel vivo”?

Esta violencia, según el análisis de mujeres de doce países, está cada vez más relacionada con el militarismo en la región, las secuelas de la guerra y los procesos de paz inconclusos. Con el desarrollo de un sistema feroz, cada vez más enfocado al consumo y la explotación, aumenta el número de asesinadas; aparece como grave problema la trata de mujeres y niñas y persiste la impunidad y la indiferencia social y gubernamental”

Seguir leyendo y ver video en: http://dickema24.blogspot.com/2010/11/honduras-video-imparables-el-femicidio.html

jueves, 25 de noviembre de 2010

COMUNICADO POR EL DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA


Hoy estamos aquí, como cada año, para demostrar con más fuerza que nunca (si cabe) nuestro rechazo al terrorismo machista. 365 días después del último 25 de noviembre parece que muy poco o nada ha cambiado a nuestro alrededor: pocos días nos levantamos sin la noticia de que el machismo ha vuelto a matar, noticia que, tristemente, se ha convertido en una costumbre más que en una excepción. Según las estadísticas oficiales, son más de 60 los femicidios en lo que va de año en el Estado Español, aunque solo se incluyen las mujeres que murieron en el acto, y no las que lo hicieron tiempo después. Si sumásemos el total real de víctimas de este terrorismo en 2011, la cifra ascendería por encima de los 100 asesinatos.

No podemos evitar preguntarnos la razón por la que el gobierno no incluye a todas las víctimas en sus estadísticas, queremos saber por qué silencian esas muertes. Nos mienten, proporcionándonos información dulcificada que no se ajusta a la realidad, y al mismo tiempo pretenden que confiemos en su forma de atajar el problema, que no es otra que proporcionar una serie de “facilidades” a las víctimas del maltrato (que en muchísimos casos no sirven de nada), así como lanzar periódicamente campañas de sensibilización. La última de ellas nos insta a sacar “tarjeta roja” al agresor; pretende que lo identifiquemos y lo saquemos de nuestro entorno. Pero, ¿acaso va a evitar esta reacción que se produzcan agresiones en un futuro? ¿Y qué ocurre con las personas agredidas? ¿Serán capaces de volver a llevar una vida normal? Es evidente que algo está fallando en el sistema: no se buscan soluciones efectivas, no se atacan los problemas de raíz. Tan solo se parchean las situaciones que vivimos cada día, llegando en ocasiones a extremos aberrantes, donde se trivializa la situación de las víctimas, se exagera, se bromea e incluso se acusa a la persona agredida de estar en realidad tratando de hacer daño a su agresor.

También resultan alarmantes los numerosos casos de violencia entre parejas cada vez más jóvenes, que demuestran que el terrorismo machista no es algo con lo que se pueda bromear, ni un vestigio de generaciones anteriores, sino una lacra peligrosa que se está perpetuando aquí y ahora. La solución definitiva, por tanto, va mucho más allá de aislar a quienes causan un desorden, es necesario replantearse totalmente la forma en que se educan hombres y mujeres. Está en nuestras manos acabar con los roles que el sistema predispone para nosotrxs. No existen unos patrones reales de feminidad o masculinidad, debemos desprendernos de las prejuiciosas etiquetas con que nos marcan al nacer.

Porque no podemos permitirnos vivir en un mundo en el que las relaciones entre sexos se convierten en cuestiones de vida o muerte. Porque debemos caminar hacia una sociedad verdaderamente feminista, verdaderamente igualitaria. Por nosotras, por las que se fueron y por las que vendrán, debemos tenerlo claro: EL MACHISMO MATA.