lunes, 8 de noviembre de 2010

Micromachismos invisibles: Los otros rostros del patriarcado



Micromachismos invisibles: Los otros rostros del patriarcado


Por: Purificación Mayobre. (Universidad de Vigo)
Fuente: www.uvigo.es (Septiembre 2009)
Tomado de: hernanmontecinos.com

Ponencia presentada en el VI Congreso Estatal de Isonomía sobre Igualdad entre Mujeres y Hombres. “Miedos, culpas, violencias invisibles y su impacto en la vida de las mujeres: ¡A vueltas con el amor!”. .

1.- Aproximación al concepto de violencia invisible
La incorporación de las mujeres al ámbito público y a ciertas posiciones de poder ha sido uno de los fenómenos más importantes del siglo XX e inicios del XXI y ha provocado una de las mayores transformaciones de las sociedades occidentales contemporáneas.

Esta evolución ha sido posible gracias a las iniciativas de las mujeres, al grado de formación y cualificación profesional alcanzado por las mismas, al rigor logrado por las investigaciones y los estudios feministas y al relevante impulso legislativo promovido por distintos organismos internacionales, por la Unión Europea y por el Estado español.

No obstante, a pesar del mencionado marco legislativo para la igualdad entre mujeres y hombres, la incorporación de las mujeres en pie de igualdad dista de ser completa en nuestra sociedad. La persistencia de las asimetrías en todos los ámbitos sociales se explica, según la historiadora Gerda Lerner en su libro, La creación del patriarcado, porque los cambios y reformas legislativas son condiciones necesarias, pero no suficientes para alcanzar esa deseada situación de no discriminación por razón de género. En palabras de la autora (1990: 316):

Las reformas y los cambios legales, aunque mejoren las condiciones de las mujeres y sean parte fundamental de su proceso de emancipación, no van a cambiar de raíz al patriarcado. Hay que integrar estas reformas dentro de una vasta revolución cultural con el fin de transformar el patriarcado y abolirlo.

La abolición del patriarcado, sin embargo, no se ha producido y no se ha exigido formalmente hasta hace sólo unos meses en que Victoria Sau y la Asociación GEA publicaron la Declaración universal del reconocimiento de la existencia del orden patriarcal y de su definitiva abolición1, en la que se lee:

Que siendo el Patriarcado, una institución inscrita en el seno de la sociedad no ha sido nunca escrita, al estilo, por ejemplo, de un Decálogo religioso o una Constitución política, ha quedado por ello oficial y jurídicamente invisibilizado, lo cual no ha permitido corregirlo, enmendarlo o sencillamente abolirlo por anacrónico, como anacrónicos son por ejemplo el Feudalismo o la Esclavitud. Entendemos por “anacrónico” contrario a los derechos humanos…



SOLICITAMOS de este Foro Internacional se gestione la petición formal de perdón a las mujeres del mundo entero por los agravios y ofensas recibidos durante milenios, al mismo tiempo que se dé por abolido el Orden Patriarcal, y con dicha abolición el cese, de una vez por todas, del enfrentamiento entre hombres y mujeres en tanto que superior/inferior, activo/pasiva, y todos los demás conceptos binarios referidos a ambos sexos para la exclusión de uno de ellos

El hecho de que el patriarcado no se codificara en algún tipo de documento ha permitido que de una forma invisible traspasara casi todas las culturas, los sistemas de producción, las ideologías, las clases, los regímenes democráticos, las ciencias, entre otros, llegando a los inicios del siglo XXI con una salud envidiable, si bien nunca como en nuestros días ha tenido menos crédito en determinados colectivos de mujeres y también (aunque más minoritarios) de varones.

El carácter metaestable del patriarcado ha sido posible por la justificación que ha recibido la dominación masculina desde los inicios de nuestra cultura en el dualismo ontológico de Platón y en la lógica identitaria de su discípulo Aristóteles2, los cuales legitiman la estructuración de nuestra forma de pensamiento de una forma dual, de modo que cada componente de ese sistema bivalente tiene su opuesto, estableciéndose una jerarquización entre las partes. De este modo la cultura patriarcal tiende a equiparar lo diferente (ya sea la diferencia de género, etnia, clase, ilustración, religión, opción sexual) con lo particular, lo periférico, lo deficiente, lo desviado –frente a la norma, lo universal y central- originando relaciones de poder. La lógica binaria aplicada al par hombre/mujer justifica una concepción asimétrica de los mismos, que los varones y la “cultura masculina” hayan sido/sean consideradas como jerárquicamente superiores, en tanto que las mujeres y la cultura femenina hayan sido/sean conceptualizadas como jerárquicamente inferiores, como identidades subalternas.

El privilegio epistémico otorgado por la cultura occidental a la conceptualización masculina del mundo es la base y la fundamentación de lo que el sociólogo francés, Pierre Bourdieu, denomina dominación masculina o violencia simbólica. Se trata de una violencia muy efectiva, invisible para sus propias víctimas, las que asimilan unos esquemas e instrumentos simbólicos de percepción y conocimiento codificados de acuerdo con la relación de dominación que se les ha impuesto, de modo que sus actos de conocimiento son, inevitablemente, actos de reconocimiento, de sumisión. De este modo, la noción de violencia simbólica se ejerce sobre un sujeto con el consentimiento del mismo, entendiendo que consentimiento es desconocimiento, resultando ser, por lo tanto, un poderosísimo instrumento para el mantenimiento del orden social, ya que el individuo vive en una situación de “actitud natural” y “universal”, caracterizada por ser ajena a los efectos de “desnaturalizacion”, de relativización que genera el encuentro de estilos de vida diferentes, que suelen hacer ver que las “elecciones naturalizadas” son históricamente constituidas, basadas en la tradición y no en la naturaleza. En palabras de Bourdieu3 se entiende que:

…. actitud natural o experiencia dóxica (es) ajena a cualquier postura y cuestión herética, esta experiencia es la forma más absoluta de reconocimiento de la legitimidad; aprehende el mundo social y a sus divisiones arbitrarias como naturales, evidentes, ineluctables, comenzando por la división socialmente construida de los sexos.

Uno de los mecanismos más potentes de reproducción del sistema patriarcal es la invisibilización, el silencio, el no nombrar las cosas por su nombre, ya que lo que no se nombra no existe. En las disciplinas académicas, en la escuela, en los medios de comunicación, el concepto o el vocablo patriarcado (tan común en foros feministas o en las investigaciones de género) no existe, no se nombra, en consecuencia no se reconoce una estructura social jerárquica ni tampoco se percibe la persistencia de unos instrumentos simbólicos de conocimiento, de unas categorías conceptuales, de una organización económica/cultural/educativa/institucional, de unas tradiciones, de unos estereotipos, que postulan la dominación masculina y la subordinación de las mujeres.

En las últimas décadas, las reivindicaciones de las mujeres y el marco legislativo de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres pueden inducir a condenar el machismo (actitud y comportamiento de quien discrimina o minusvalora a las mujeres por considerarlas inferiores respecto de los hombres) o la misoginia (aversión o rechazo hacia las mujeres), es decir, el rostro más amargo del patriarcado, pero no se analizan las causas más profundas que originan esas conductas humillantes para las mujeres. El resultado es que sólo se produce un cambio superficial, el sistema patriarcal edulcora sus manifestaciones más discriminatorias, se tornan más sutiles los procedimientos discriminatorios, pero no se produce una transformación de su urdimbre más profunda, no se modifica su lógica excluyente, manifestándose la discriminación con un rostro más benevolente, aunque en el fondo los procedimientos de subordinación sigan siendo esencialmente los mismos.

Uno de los efectos más perversos de la violencia simbólica es el establecimiento de la « natural » distinción entre esfera doméstica/ esfera pública, planteada por Platón en La República y por Aristóteles en La Política, y la exclusión de las mujeres de la gestión de las res pública y del Estado por su incapacidad para abandonar el estatuto de la domesticidad y convertirse en ciudadanas. Esa « natural » distinción entre una esfera pública masculina y una esfera doméstica femenina, que hace de las mujeres unos sujetos políticamente impensables y, por lo tanto, unos no-sujetos –contrariamente a lo que en principio pudiéramos pensar- no se ha corregido a no ser parcialmente en los estados democráticos, lo que explica la persistencia del sexismo o androcentrismo en la sociedad actual a pesar del reconocimiento formal de la igualdad entre hombres y mujeres.


2.- Los otros rostros del patriarcado

Hoy, en las sociedades democráticas, el sexismo se sigue manifestando no tanto en forma de un sexismo explícito u hostil, sino en lo que diversas autoras y autores (Lameiras, 2002, Martínez Benlloch, 2008) denominan “neosexismo” o “sexismo moderno”, consistente en afirmar que la igualdad ya es una realidad de la sociedad contemporánea y que, en consecuencia, es superflua la lucha contra la discriminación de género. También se puede manifestar en forma de “sexismo benevolente”, manifestación de un sexismo más sutil, consistente en presentar a las mujeres como complementarias de los varones, pero naturalizando la diferenciación jeraquizada entre los sexos y justificando el mantenimiento de los roles y la exclusión o discriminación de género. Estas nuevas expresiones de la dominación masculina, este sexismo ambivalente o de baja intensidad es lo que ha sido denominada por Luis Bonino (2004) como “micromachismos”, un ejercicio de la dominación masculina más invisible, menos perceptible que el sexismo explícito por su “pequeñez”, por su carácter micro, o por su normalización, independientemente de que la dominación se ejerza a nivel macro.

Esta manifestación más benevolente del patriarcado no quiere significar que el rostro más violento y excluyente no siga estando vigente en todas las culturas, incluidas las sociedades más democráticas, más cultas, más refinadas. Mencionaremos solamente algunos hechos significativos a este respecto:

• En todos los países (incluidos los que tienen una larga tradición democrática) el número de mujeres víctimas de violencia de género por el simple hecho de ser mujeres es escandaloso y resultaría inadmisible si les ocurriera a los varones por el hecho de ser varones.

• Algunas leyes de aborto, incluida la actual española, son leyes que siguen considerando a las mujeres heterónomas, incapaces de decidir por sí mismas y teniendo que someterse al dictamen de la autoridad médica.

• Hasta la Conferencia de Pekín (1995) no se consideró la violación de guerra como crimen contra la humanidad. Ese reconocimiento fue posible por la exigencia planteada en dicha Conferencia de la admisión de los derechos de las mujeres, manifestada en el siguiente slogan: ”Los derechos de las mujeres son derechos humanos”.
2.1.- Neosexismo

La consideración de que la igualdad es una realidad en las sociedades democráticas y que, por lo tanto, es excesivo insistir en la protesta contra la discriminación de género, constituye una clara manifestación de uno de los efectos más perversos de la violencia simbólica y una clara demostración de que los cambios y reformas legales no son suficientes para que se produzca un cambio estructural y se de paso a una nueva organización social en la que las realidades transhistóricas y panculturales queden abolidas y se reconozca la diferencia de género en intersección con las otras diversidades de culturas, edad, preferencia sexual, grupos no hegemónicos etc.

La lectura de las importantes aportaciones realizadas por los estudios feministas en todas las disciplinas ponen de manifiesto la vigencia del androcentrismo y que el nuevo rostro del patriarcado, el neosexismo, obedece al deseo de seguir manteniendo unos privilegios que chocan con los principios de rigor y abandono de los prejuicios preconizados por la propia ciencia, y por los principios éticos y democráticos de los estados de derecho.

Los datos proporcionados por la última publicación del Instituto de la Mujer, Mujeres en cifras 1983-2008, o del Instituto Nacional de Estadística, Mujeres y Hombres en España 2009, son muy elocuentes. A continuación, basándome en esas fuentes o en las que se citan explícitamente, pasaré revista a algunos datos en los que se refleja la profunda asimetría existente entre los géneros en los inicios del siglo XXI.
Empleo

En los últimos años han evolucionado las formas de trabajo en España: se ha especializado, globalizado, se ha incrementado la participación femenina en el trabajo remunerado y se han manifestado ligeros cambios en la redistribución por género del trabajo asalariado. No obstante, la situación dista mucho de ser igualitaria, y lo que es peor en una situación de crisis las mujeres llevan la peor parte. Por comparación con La Unión Europea, España sigue siendo un país con baja tasa de actividad femenina y elevado índice de paro:

• Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en el primer trimestre de 2009, la tasa de empleo femenino es del 42,23%, mientras que la tasa de empelo masculino es del 57,46% ; la tasa de paro femenino es del 18,01% y en los varones es del 16,86%. En cuanto a la tasa de actividad, la femenina se encuentra en el 51,51% y la masculina en el 69,11%.

• Según esa encuesta, la división de papeles por género en el trabajo remunerado es muy intensa. El 70% de las ocupadas se concentra en muy pocas ramas de actividad, con un peso creciente en empleos de menor cualificación, a pesar de la mayor formación de las mujeres. La mayoría de las actividades se enmarcan en el sector servicios, siendo muy baja su presencia en el sector industrial, de ahí que en el caso de Expedientes de Regulación de Empleo (ERE), de las 227.571 personas afectadas en el primer cuatrimestre de 2009, el 81% fueron hombres y el 19% mujeres.

• Otro factor negativo del mercado de trabajo es su alto índice de temporalidad, que se traduce en precariedad, siendo mayor en el caso de las mujeres. Según los datos de la EPA, 1.708.600 mujeres tienen un contrato parcial frente a 386.200 de hombres, representando el 81,56% de la contratación a tiempo parcial.

Poder y toma de decisiones Participación en el ámbito político y adiministrativo

La Ley Orgánica 3/2007 de 22 de Marzo para la igualdad efectiva de mujeres y hombres entiende por participación equilibrada de hombres y mujeres aquella en la que el porcentaje de participación de cada uno de los sexos no sea inferior al 40% ni superior al 60%. Ese porcentaje no se cumple a no ser en el gobierno tras la última remodelación del Gobierno realizada en 2008, siendo mayor el número de ministras al de ministros, pero la presencia equilibrada no se mantiene en otros estamentos políticos:

• En el Congreso y en el Senado se ha incrementado la participación femenina en 0,3 y 3,1 puntos porcentuales, respectivamente, pero ni en el Congreso ni en el Senado se alcanza el equilibrio dictado por la Ley Orgánica de Igualdad. En el Congreso el porcentaje de mujeres se sitúa en el 36,3%, 3,7 puntos porcentuales por debajo del mínimo establecido, y en el Senado la diferencia es de 11,8 puntos porcentuales por debajo. Mayor equilibrio existe en algunas asambleas legislativas de algunas comunidades autónomas.

• La participación equilibrada de hombres y mujeres no se mantiene en otros ámbitos de representación: Delegaciones en las Comunidades, Subdelegaciones, representantes de España en el exterior, Organismos Internacionales etc.

• La presencia equilibrada no se mantiene en los altos cargos de la Administración Pública, donde las mujeres ocupan sólo el 32% del total. La participación femenina más baja se produce en el rango de Subsecretrario/a (27.5%). La mayor presencia se da en las Secretarías de Estado (33%).

• En la Alta Administración del Estado, en el año 2008, había un 53,2% de funcionarias, siendo el grupo de auxiliares administrativos el único colectivo en el que las mujeres superan a los varones, 72%.
Participación en el ámbito económico

• Según la Encuesta de Población Activa, en el tercer trimestre del año 2008, del total de personas que desempeñan puestos directivos o de gerencia de empresas un 32,7% son mujeres, un 0,2% menos que el mismo trimestre del año anterior, aunque en cifras absolutas el número de mujeres en puestos de dirección o gerencia ha crecido un 1,4% respecto al 2007.

• En el año 2007 el porcentaje de mujeres en puestos directivos en la dirección de organizaciones de 10 o más asalariadas/os del poder ejecutivo y legislativo era de un 47,8%. En el año 2008 apenas alcanza un 36,6%, lo que supone un descenso de 11,2 puntos porcentuales. En datos absolutos, el número de directivas ha pasado de 1320 en 2007 a 1040 en 2008, produciéndose un decrecimiento del 21,2%.

• La presencia equilibrada de hombres y mujeres sólo se produce en la gerencia de empresas sin personas asalariadas, y en concreto en las empresas de comercio y hostelería, en las que el porcentaje de mujeres se situó en el tercer trimestre del año 2008 en un 54% y un 50% respectivamente.

• En los Consejos de administración en los que participa la Administración General del Estado, pese a la obligación establecida en el artículo 54 de la Ley Orgánica para la Igualdad, de observar el principio de presencia equilibrada de los dos sexos, y la obligación de potenciar la promoción de dicha presencia en el plazo de ocho años, la presencia de mujeres en dichos consejos continúa siendo baja. En las entidades públicas empresariales, el porcentaje de mujeres en los consejos de administración alcanza en 2008 un 18,5% y en el caso de las sociedades estatales un 13,9%

• En el 2008 sólo un 6,5% de mujeres ocupan puesto en los Consejos de Administración de las grandes empresas del IBEX-35.

Educación

• En los últimos 25 años el nivel de estudios de la población española se ha incrementado notablemente y el número de mujeres analfabetas o sin estudios se ha reducido a un 84,2%. No obstante, el analfabetismo sigue estando feminizado, puesto que en 2007, según la EPA, casi un 70% de las personas analfabetas o sin estudios continúan siendo mujeres.

• El número de mujeres con estudios secundarios se ha incrementado en un 200% con respecto a 1982.

• El incremento ha sido mucho mayor en el nivel universitario, ya que supera el 407% la tasa de 1982. En el curso 2006-07 el 54,4% de personas matriculadas en enseñanzas universitarias de 1º y 2º ciclo eran mujeres y el 51,8% eran alumnas de doctorado.

• El profesorado es mayoritariamente femenino, siendo las mujeres el 62,4% del total del profesorado en el curso 2006-07. Los porcentajes son especialmente elevados en Educación Especial (80,7%),Educación Infantil y Primaria (78,2%) y Enseñanza de Idiomas (74,1%). En el nivel universitario se reduce a un 36,9% de titulares y solamente un 14,4% es catedrática.
Cultura

La capacidad de decisión de las mujeres en el denominado “poder cultural” es muy baja si tenemos en cuenta los siguientes datos:

• El número de académicas en las Reales Academias apenas alcanza el 6,4%. en el año 2008.

• Un mayor equilibrio entre mujeres y hombres se produce en el total de personas que han sido premiadas en el año 2008, especialmente si la entidad otorgante fue la Administración General del Estado; en este caso, el porcentaje de mujeres premiadas alcanzó el 48.7%.

• Respecto a los premios que concede la Administración del Estado al finalizar los estudios a las /los mejores estudiantes, en el nivel correspondiente al bachillerato el porcentaje de mujeres que reciben el premio es de 26,7%. En F.P. de grado superior el nivel es del 50.0% En los niveles de estudios superior, es ligeramente superior los premios otorgados a las mujeres (50,5%) y también es ligeramente superior el nivel de Menciones especiales (50,6%).

• Sólo un 7% de películas han sido dirigidas por mujeres en el cine español entre los años 2000-06, según los resultados del proyecto de investigación dirigido por Fátima Arranz4.

• En el mundo artístico, el número de exposiciones individuales de mujeres es totalmente minoritarias. Según el Manifiesto Arco 20055 el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de 28 exposiciones individuales programadas en 2004 solamente 4 eran de artistas mujeres. Las dos exposiciones que el Ministerio de Asuntos Exteriores patrocinó para representar a España en la Bienal de Venecia 2003 no incluían ninguna artista. La programación que desde 2002 el Seacex, la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, dependiente del Ministerio de Exteriores, de 43 exposiciones individuales sólo 2 son de artistas mujeres.

• Entre los libros más vendidos, los de autoría femenina están en torno al 10% los de ficción y el 20% los de no ficción25% según Laura Freixas.

• En teatro las mujeres son minoritarias especialmente en la dirección y autoría tal y como se puede ver en el Proyecto Vaca.

A pesar de estos datos tan reveladores de la discriminación existente, del derroche de masa crítica, del desperdicio de capacidades y competencias de las personas más altamente cualificadas, sin embargo es fácil leer en la prensa, incluidos los medios de comunicación de izquierda, titulares como los siguientes:

« Los libros son cosas de mujeres »
« El cine es cosa de mujeres »
« La música es cosa de mujeres »
« La empresa se feminiza »
« Ellas toman el mando en las empresas »
“Las mujeres hoy están en todas partes”
“Hay un dominio femenino en la sociedad actual”

Estas afirmaciones son muy reveladoras de una ideología patriarcal, que no sólo distorsiona la realidad, sino que actúa sobre ella frenando el avance de las mujeres, legitimando y naturalizando su ausencia de los ámbitos de decisión/poder. Como afirma Laura Freixas 6:

Si la exclusión o marginación de las mujeres en la cultura afectara solamente a las profesionales de la cultura, estaríamos ante un simple problema gremial. Pero es un grave error verlo en esos términos. Pues una cultura que invisibiliza a las mujeres –o las ridiculiza o trivializa sus preocupaciones- no perjudica sólo a las literatas, poetas o a las compositoras, sino a todas. Cuando los políticos se preguntan desesperados qué se puede hacer para frenar la violencia de género, habría que sugerirles que no vayan sólo a los juzgados sino al cine. Allí verán como en las películas dirigidas por hombres – no así, nunca en las dirigidas por mujeres- la violación, los malos tratos se presentan con frecuencia en clave de humor (Pilar Aguilar: Mujer, amor y sexo en el cine español de los 90) ¿Imaginan que se hiciera algo similar con el terrorismo? Este ejemplo debería ser suficiente para empezar, por fin, a darnos cuenta de que todo el esfuerzo que se está realizando en cuanto a malos tratos o violencia de género, igualdad salarial o paridad política, se arriesga a ser insuficiente –por no decir saboteado- si no nos tomamos en serio la igualdad en la cultura.

2.2. Sexismo benevolente

Por sexismo benevolente se entiende la consideración de las mujeres como complementarias de los varones, pero naturalizando la diferenciación jerarquizada entre los sexos y justificando el mantenimiento de los roles y discriminación de género. Se trata de un tipo de sexismo muy perjudicial, no niega el acceso de las mujeres al estudio o al mundo laboral, pero la mujer debe ser ante todo mujer, lo que en romano paladino significa que cualquier aspecto de la vida de las mujeres, en mayor o menor medida, ha de estar subordinado al cumplimiento del estereotipo de género, esto es, de mujer cuidadora/madre y objeto de deseo de los varones. Este hecho puede originar los siguientes síndromes en la vida de las mujeres (Simón, 2003, p. 100):

• El síndrome de la cenicienta, consistente en la autopercepción como parienta pobre pero afortunada, viviéndose como torpe, mutilada, poco diestra, siendo enseñada o reprendida por cualquier razón o sinrazón, sólo para mantenerla como dependiente. Según Simón son mujeres candidatas a padecer acoso sexual o a ser víctima de violencia de género. En algunos casos son las agradecidas “mujeres-cuota” o “mujeres-florero” que ornamentan alguna candidatura o presentan una imagen políticamente correcta de alguna institución.

• El síndrome de la becaria desclasada, propio de aquellas mujeres que se camuflan como varones hasta tal punto que rechaza cualquier manifestación femenina por la carga simbólica de inferioridad que conlleva. Son mujeres que llegan al poder investidas del estilo masculino y asimilándose al autoritarismo, competitividad o fuerza.

• El síndrome de la abeja reina, característico de mujeres que adquirieron posiciones de poder o de reconocimiento importantes y que creen que el esfuerzo y el mérito permite llegar a las mujeres allá donde quieran llegar, como les ha sucedido a ellas mismas. Generalmente rechazan cualquier medida correctora del sexismo imperante e impulsora de la igualdad de oportunidades entre mujeres y varones. Suelen ser candidatas a superwoman, a creer que pueden con todo sin sufrir ningún tipo de resquebrajamiento.

3.- Alternativas feministas a los micromachismos invisibles

Desde la perspectiva feminista se considera que la dominación masculina tiene su origen en los valores patriarcales, los cuales declaran que las mujeres son unos seres subordinados. La desaparición de las desigualdades entre hombres y mujeres y la redefinición de los géneros serían elementos esenciales para atajar la violencia simbólica e instaurar una sociedad menos excluyente. Para ello sería preciso promover un cambio estructural en el organigrama sociosimbólico patriarcal, un cambio en sus categorías de conocimiento e instrumentos conceptuales, un cambio en su sistema productivo, un cambio en el ejercicio de la política, un cambio en la estructuración de la sociedad de una forma dual (público/privado, sustentador/cuidadora), en definitiva, un cambio de cultura o civilización. Esta afirmación pudiera parecer mesiánica en otro momento, pero nunca como ahora, en la situación de crisis económica en la que nos encontramos, es precisa una reforma estructural del sistema patriarcal y de su modelo productivo para conseguir un desarrollo humano, social y económico sostenible a nivel mundial.

La nueva cultura no hay que inventarla, está esbozada en las importantes aportaciones realizadas por las investigaciones y los estudios feministas y en las buenas prácticas existentes en diversos ámbitos sociales, y su característica principal consiste en presentarse como una alternativa liberadora frente al patriarcado, una invitación a desdeñar los cánones y convenciones excluyentes y a apostar por una forma de pensar diferente, una forma superadora de antagonismos irreconciliables, una cultura nómade en el sentido que le da Rosi Braidotti, es decir, una cultura en la que no hay lugar para sitios originarios o identidades auténticas de cualquier tipo sino nuevas prácticas que abren espacios intermedios en los que explorar nuevas formas de subjetividad política. En este nuevo horizonte se afrontan las profundas desigualdades que se han establecido históricamente entre los sexos y los géneros mediante la puesta en marcha de un proyecto político que apueste no sólo por la consecución de derechos sino por el disfrute de libertades individuales, pero no sólo de las libertades liberales de voto, mercado, asociación etc. sino en el sentido expuesto por Foucault (Defert, 1994: I, 768):

Hacerse libre para pensar y amar aquello que, en nuestro universo ruge desde Nietzsche: diferencias insumisas y repeticiones sin origen.

La nueva cultura ha de referenciar la realidad mediante nuevas figuraciones capaces de volver inteligible lo que era ininteligible en el orden establecido, capaces de articular nuevos significados, de introducir la discontinuidad, de modo que la alteridad, la diferencia sexual y lo femenino no se sigan enjuiciando según los criterios misóginos de la economía binaria y, consecuentemente, permitan vislumbrar nuevos horizontes posibles.

Uno de los aspectos fundamentales a la hora de elaborar nuevas representaciones simbólicas de la realidad es el lenguaje debido a la íntima conexión existente entre lenguaje y pensamiento, y lenguaje y realidad. Como afirma Teresa Meana (2002) “Porque las palabras no se las lleva el viento”, o como mantiene Deborah Tannen (1999), “Las palabras importan”, importan hasta tal punto que se puede decir que el lenguaje de forma invisible moldea nuestra forma de pensar sobre las demás personas, sus acciones y el mundo en general. En consecuencia, el uso del lenguaje no es nada inocente, ya que si bien es un instrumento que comunica, que transmite, que expresa, también es un instrumento que tiene un carácter performativo, que tiene capacidad de crear cosas y situaciones en la medida en que las nombra y, por lo tanto, también tiene capacidad para modificar situaciones y realidades.

La transformación del orden del conocimiento y del orden de la realidad se incrementa notablemente desde que las mujeres hacen uso de su libertad de pensar/decir y se atreven a expresar lo ignoto, lo inaudito, lo insospechado en la cultura patriarcal, al establecer conexiones entre hechos e ideas que los varones habían dejado desconectadas, al nombrar lo innombrable, lo no codificado, los silencios y las ausencias de la cultura patriarcal.

Este hecho tiene consecuencias, entre otras, el declive del privilegio epistémico otorgado por la cultura occidental a lo que el sociólogo portugués Boaventura Santos Sousa denomina la monocultura del saber científico, consistente en suponer que los únicos criterios de verdad y de calidad estética se encuentran en la ciencia y en la cultura moderna androcéntrica, de modo que los saberes no formalizados (femeninos, indígenas, religiosos etc.) se consideran irrelevantes, prejuiciosos o falsos. El debilitamiento de esa monocultura generizada en masculino permite poner en valor aspectos que han sido invisibilizados o infravalorados como los siguientes: el trabajo no asalariado, el cuidado de las otras personas, al valor de la naturaleza, los sentimientos, los afectos, las emociones, la escucha, la diversidad cultural, las diferencias de género, etnia, tendencia sexual etc.; en definitiva, favorece la posibilidad de nombrar valores fundamentales de nuestra condición integral de seres humanos (muchos de ellos tradicionalmente asociados a las mujeres), de nuestra necesidad de “ser con los otros” y no “frente o contra los otros” y tampoco “frente o contra la naturaleza”. Esta nueva forma de pensar/decir el mundo, de pensarnos/decirnos y de pensar/decir a las otras personas tiene la capacidad de promover un tipo de vida más inclusiva, más democrática y más humana.



NOTAS

1.Declaración universal del reconocimiento de la existencia del orden patriarcal y de su definitiva abolición [en línea]. Dirección: http://www.proyectopatriarcado.com/es/manifest.do . [Consulta el 31-08-09]

2 Legitimación refrendada por los filósofos, teólogos, médicos, pedagogos, intelectuales etc. hegemónicos de nuestra cultura hasta la actualidad

3 Bourdieu, Pierre, La Dominación masculina [en línea]. Dirección: http://webs.uvigo.es/pmayobre/06/arch/profesorado/pilar_gonzalez/pierre_bourdieu.pdf. [Consulta: el 31-08-09]

4 Arranz, Fátima. La situación de las mujeres y los hombres en el audiovisual español: Estudios sociológico y legislativo. [en línea]. Dirección: http://www.cimamujerescineastas.es/estudio.pdf

5 M ANIFIESTO: “Las políticas de igualdad entre hombres y mujeres en los mundos del Arte”. [en línea]. Dirección: http://www.revistabandeapart.com/002/txt/12.htm [Consulta: 31.08.2009]

6 Freixas, Laura, “La marginación femenina en la cultura”. El País 3 de Mayo de 2008. [en línea]. Direcció

jueves, 4 de noviembre de 2010

El velo, los velos y Europa



Este verano 16 municipios del Estado Español vetaron el uso del velo integral en los edificios municipales. El debate sobre el velo, que llegará al Congreso en breve y se reabrirá en Francia en otoño, oscila entre la seguridad pública y la libertad de la mujer. Polémicas que surgen en momentos de fuerte tensión social frente a los gobiernos europeos y su gestión de la crisis econónimca. ¿Una oportuna operación política de distracción?.

ROSARIO SEGURA / VOCAL DE LA JUNTA DIRECTIVA DE EUROPA LAICA

¡Qué interesante es la cuestión del velo que llevan las mujeres musulmanas! Casi tan interesante como pasearse por cualquier ciudad europea, donde ellas lo hacen ahora y causa tanta conmoción, mientras pasan desapercibidos los anuncios en los que las mujeres occidentales muestran prácticamente toda su anatomía. Por no mencionar los que aparecen en las puertas y vitrinas de locales que se autodenominan nigth clubs, gogós o que directamente anuncian desnudos femeninos y esto constituye un espectáculo. ¿Qué tienen que ver estas dos situaciones que parecen tan alejadas? Algo ocurre, y ha ocurrido, a lo largo de la historia de la humanidad, con el cuerpo de las mujeres, de las singulares y del conjunto. Algo que tiene que ver con su exhibición o no y con una acepción de éste vinculada muy estrechamente con lo prohibido/ pecaminoso.

Ahora, en Estado Español, como en casi todos los países europeos, la presencia de mujeres veladas en los espacios públicos está siendo vivida como un problema social. Algunos partidos políticos, que en su ideario proclaman el liberalismo más activo, en esta ocasión apuestan por la prohibición de llevar burkas o niqabs, aplicando, ahora sí, esa permisividad a la otra cara de la moneda de la visibilización, y eventual mercantilización del cuerpo femenino.

El hecho de que las mujeres lleven velo puede abordarse desde muy distintos enfoques. Podemos pensar que es una tradición cultural, una imposición religiosa, un símbolo de sumisión, un compromiso libremente aceptado por su usuaria. Todos ellos pueden presentarse y no podríamos atribuir una escala de importancia o determinación simplemente al hecho físico de ver mujeres cubiertas completamente.
Sin embargo, me interesa destacar el último de los enfoques mencionados: una decisión libremente aceptada por las mujeres que lo llevan. Conviene recordar que el ejercicio de la libertad personal debe ir acompañado, para que este derecho sea real, de una situación, de un marco que permita una decisión y su contraria sin merma de la consideración social, ni de las garantías de seguridad que todas las personas deberíamos tener en el ámbito privado y público.


Habría que contrastar si las mujeres que usan burka lo hacen libremente, si tienen asimismo la posibilidad de salir y entrar de su casa, trabajar o no, acceder a unas relaciones sociales voluntariamente elegidas, usar servicios de salud, practicar deporte, etc. Tal vez entonces tendríamos un cuadro más aproximado y real de la libertad de su decisión.

Una aproximación al tema del velo tiene que intentar establecer cuánto tiene de símbolo religioso o de muestra de una identidad cultural. En todo caso, es una prescripción de una determinada forma de vestir para las mujeres, situación interesante, ya que se constata, por el contrario, la fácil integración ‘vestimental’ de los varones en las sociedades no mayoritariamente musulmanas.

Las soluciones simplificadas no ayudan a la formación de opiniones rigurosas. Por tanto, hay que decir que, como tal símbolo religioso, no hay unanimidad en su aceptación; como elemento de una identidad cultural, algo más difuso, pero no menos operativo, creo que éste tiene mayor peso y es interesante destacar que aquellas mujeres que lo llevan, en general, son consideradas más respetables. Destacar cómo su uso se instala en la edad del tránsito de la niñez a la pubertad, momento en el que entran, según conceptúan los y las profesionales de la sociología, y así es, en el ‘mercado matrimonial’ con todas las consecuencias que ese hecho tiene y al que deben acceder con los estándares de respetabilidad que, en una sociedad fuertemente machista, el velo garantiza. No olvidemos que en muchas sociedades, y en las más vinculadas al uso del velo de manera preponderante, el honor de la familia, y sobre todo el de los varones, se dirime a través de una idea de la honestidad muy restrictiva de la libertad y de la sexualidad de las mujeres.

En otros países de Europa, donde nos llevan un cierto adelanto cronológico en la llegada de personas de otros entornos, han dado soluciones distintas. Respecto del chador y los otros velos que permiten una identificación de la mujer que los lleva, en Alemania han optado por la permisividad en los espacios públicos, salvo para docentes y funcionarias; Francia, en su tradición laica, ha prohibido legalmente y con carácter general la exhibición de símbolos religiosos o partidarios en el sistema escolar, considerando el velo como uno de ellos; en Turquía no se permite su uso en la universidad y la protesta de las estudiantes que quieren llevarlo se fundamenta en la defensa de lo que consideran una parte de su identidad. Con el burka, la situación es distinta y sólo en Francia se está acometiendo su prohibición en espacios públicos, en contra del parecer del dictamen de sus instancias jurídicas del más alto nivel. En Estado Español no hay una regulación de carácter general sobre el tema. Parece que nos queda aún mucho tiempo para que nuestras autoridades representativas aborden la cuestión de las simbologías religiosas en los espacios que son comunes, si consideramos el velo un símbolo de este carácter. Tal vez en ese viaje tuvieran que poner en el mismo rango a todas las religiones y eso…, lo dicho, queda lejos.

Algunos ayuntamientos han aprobado reglamentaciones para prohibir, mas allá de la esfera privada, el velo ‘total’ que no permite saber quién lo porta. En estas iniciativas podría haber más de xenofobia que de intento liberador de las mujeres que, por otra parte, ellas solas saben abordar.

En los centros de enseñanza no hay una postura común. Las y los responsables educativos no han mostrado su parecer ante las alumnas que se tapan con un velo, y son los Consejos de los centros los que han tomado decisiones concretas. Algunos casos han trascendido, sobre todo en aquéllos en los que se ha prohibido su uso, llegando a expulsar a alumnas que han sido integradas en otros centros próximos. ¿Es esto lógico? ¿Aconsejable? ¿Qué laicismo es éste que sólo se aplica para una religión y sólo en algunos lugares? Sea bienvenido, pero que sea para todas las creencias religiosas y no sólo para el espacio educativo.
Finalmente, no se debe de olvidar que este asunto del velo tendrá que ser contemplado en el contexto de la respuesta que demos en nuestra sociedad al fenómeno migratorio, del respeto a los derechos de las mujeres y del necesario avance del laicismo en la sociedad.

Más información: http://www.diagonalperiodico.net

viernes, 29 de octubre de 2010

Clase, género y opresión

“Nada sabemos hasta ahora acerca de cuándo y cómo pasaron los rebaños de propiedad común de la tribu o de las gens a ser patrimonio de los distintos cabezas de familia; pero, en lo esencial, ello debió de acontecer en este estadio. Y con la aparición de los rebaños y las demás riquezas nuevas, se produjo una revolución en la familia. La industria había sido siempre asunto del hombre; los medios necesarios para ella eran producidos por él y propiedad suya. Los rebaños constituían la nueva industria; su domesticación al principio y su cuidado después, eran obra del hombre. Por eso el ganado le pertenecía, así como las mercancías y los esclavos que obtenía a cambio de él. Todo el excedente que dejaba ahora la producción pertenecía al hombre; la mujer participaba en su consumo, pero no tenía ninguna participación en su propiedad. El "salvaje", guerrero y cazador, se había conformado con ocupar en la casa el segundo lugar, después de la mujer; el pastor, "más dulce", engreído de su riqueza, se puso en primer lugar y relegó al segundo a la mujer. Y ella no podía quejarse. La división del trabajo en la familia había sido la base para distribuir la propiedad entre el hombre y la mujer. Esta división del trabajo en la familia continuaba siendo la misma, pero ahora trastornaba por completo las relaciones domésticas existentes por la mera razón de que la división del trabajo fuera de la familia había cambiado. La misma causa que había asegurado a la mujer su anterior supremacía en la casa -su ocupación exclusiva en las labores domésticas-, aseguraba ahora la preponderancia del hombre en el hogar: el trabajo doméstico de la mujer perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre; este trabajo lo era todo; aquél, un accesorio insignificante. Esto demuestra ya que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluída del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado. La emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando ésta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo doméstico no le ocupa sino un tiempo insignificante. Esta condición sólo puede realizarse con la gran industria moderna, que no solamente permite el trabajo de la mujer en vasta escala, sino que hasta lo exige y tiende más y más a transformar el trabajo doméstico privado en una industria pública.

La supremacía efectiva del hombre en la casa había hecho caer los postreros obstáculos que se oponían a su poder absoluto. Este poder absoluto lo consolidaron y eternizaron la caída del derecho materno, la introducción del derecho paterno y el paso gradual del matrimonio sindiásmico a la monogamia. Pero esto abrió también una brecha en el orden antiguo de la gens; la familia particular llegó a ser potencia y se alzó amenazadora frente a la gens."

 Friedrich Engels, Del origen de la Familia, el Estado y la propiedad privada. 
  
Los dos párrafos anteriores resumen de forma perfecta la obra citada de Friedrich Engels, síntesis del pensamiento marxista original sobre familia , discriminación de género, y Estado y propiedad privada. Ambos conceptos están íntimamente relacionados, interconectados, y son consecuencia directa los unos de los otros. Efectivamente, el surgimiento durante la época neolítica del fenómeno de vida sedentario de las otrora tribus nómadas, aparejado a la domesticación de animales y la explotación de la tierra, y por consiguiente, el salto del comunismo primitivo o tribal al régimen de propiedad privada, de la tierra, los aperos y los animales, generó el patriarcado. Y , así mismo, dotó de mejores condiciones de vida a las comunidades humanas, aumentando la natalidad, y generando hace aproximadamente 6000 años , en Babilonia, el surgimiento del Estado, de la mano de los primeros códigos de leyes regidores de un ordenamiento político, caso concreto del Código de Hammurabi. 
  
La obra recorre todos los estadios de desarrollo de la humanidad anteriores y posteriores a este decisivo momento, pero sin embargo, debemos precisar más allá del momento histórico (1884) en el que fué escrita la obra, las transformaciones y cambios que ha vivido el régimen de propiedad privada, y con él , la familia, el Estado, el capitalismo, y el patriarcado. 
  
Si el viejo régimen de los trust y las industrias fabriles comenzaron a exigir , debido a su fuerte demanda de mano de obra, la incorporación al mecado laboral del género femenino, será la transformación del capitalismo fabril, fordista y tradicional en capitalismo monopolista de Estado y financiero (estudiar obra de Lenin al respecto) , con sus consecuencias , mundialización de la economía, financiarización de los sectores productivos, sometimiento al sector servicios, y con ello, el imperialismo, el neocolonialismo, y las nuevas guerras de los imperialismos y los fascismos, especialmente las mundiales, con sus devastadoras consecuencias, las que darán un impulso definitivo a este proceso. Así, el nuevo régimen que adopta la propiedad privada suprime las restricciones del trabajo a la mujer como cambio estructural, y no debido a ningún afán de igualitarismo, sino, simple y llanamente, debido a las propias necesidades productivas del capitalismo, bien por la escasez de la mano de obra masculina debido a la guerra ó la hambruna, bien por la necesidad multiplicadora de beneficio de la burguesía, que requiere cada vez de mayor mano de obra, y además, sigue una lógica de minimización del gasto y maximización del beneficio, donde la mujer sale evidentemente perjudicada. 

Detrás de este proceso estructural, como enseña el marxismo, vienen las transformaciones en la superestructura : El derecho, la moral , la religión, las ideas humanas. Y es así, tras este proceso de incorporación masiva de la mujer al trabajo asalariado, donde se producen las transformaciones sufragistas, los derechos de voto, los avances en derechos civiles...todos ellos insuficientes, incomplteas, y cercenados. Es así, pues, cuando la mujer se convierte en "sujeto productivo directo" (aunque evidentemente, en las epocas anteriores en las que se ocupaba del mantenimiento del hogar y del "bienestar" del obrero-marido, generaba indirectamente plusvalía sin pretenderlo) cuando deja de ser un sujeto invisibilizado para el sistema legal jurídico y superestructural capitalista. 
  
Los derechos políticos, jurídicos y constitucionales otorgados a la mujer pasan pues por el prisma del mercado. Y es así, al comenzar a comprarse la fuerza de trabajo de la mujer como la del hombre en época industrial, cuando se empieza a comprar también como mercancía activamente la imagen y el propio cuerpo de la mujer. El fenómeno de la prostitución, antes restringido a las élites sociales, se masifica y se proletariza a marchas forzadas, y la imagen de la mujer es comercializada en la sociedad burguesa a través de la moda y el márketing . Es , pues, la condición de proletaria de la mujer de clase oprimida, lo que la convierte en objeto de consumo como género en sí, y no solamente como clase social. Y esta es la diferencia fundamental opresiva entre hombres y mujeres de la sociedad moderna capitalista. 
  
Las mujeres de nuestra clase, por tanto, valientes compañeras en la misma barricada que nosotros, deben ser consideradas objetivamente bajo el prisma del análisis marxista un sujeto doblemente oprimido, pero no lumpenproletarizado. Los avances en la toma de conciencia y en la incorporación a la lucha social y política de las mujeres el pasado siglo así lo evidencian.  
  
La tarea política, social y propagandística inmediata de todo movimiento revolucionario es hacer este análisis, así como muchos otros sobre la sociedad patriarcal, y concluir ejecutando y poniendo en práctica la máxima leninista "Sin las mujeres no hay revolución posible".  

Reflexiones sobre feminidad.

Desde que el patriarcado se erigió como sistema predominante se han asociado al sexo femenino un conjunto de roles, pautas y normas que han venido a llamarse feminidad. A lo largo de muchos siglos de historia la mujer siempre ha sido considerada, por defecto, “femenina”: sensible, frágil, siempre perfecta y, evidentemente, dócil y sumisa.

La feminidad tiene, por supuesto, su homólogo para el hombre: la masculinidad. Así, desde que nacemos hasta que morimos, somos continuamente bombardeados por distintos estímulos sociales que nos educan en la diferencia insalvable y en una desigualdad aberrante. Los dogmas de estos conceptos están tan arraigados en la sociedad actual que a veces es difícil distinguir lo natural de lo artificial, pero no nos engañemos: los hombres lloran, y las mujeres son capaces de andar por el mundo sin que nadie las lleve de la mano. En este sentido, feminidad y masculinidad se relacionan directamente con la categoría de ‘género’, que distingue a hombres y mujeres no sólo por su sexo (la única distinción biológica e incuestionable), sino por todos los detalles externos que, se supone, les caracterizan.

Por si quedaran dudas acerca de la artificialidad de lo “femenino”, es suficiente con volver la vista atrás unos años para comprobar cómo, al igual que en toda construcción social, sus premisas cambian y se adaptan a los valores de cada época. La mayor parte del tiempo, las diferencias entre hombres y mujeres se han apoyado en la sexualidad. La mujer quedaba relegada a la esfera privada y al cuidado de sus hijos, siendo mantenida por su marido, al que debía también cuidar y agradar en toda ocasión. Aspectos tan naturales como la capacidad de dar a luz, la menstruación o el amamantamiento, según los oportunistas intelectuales de la época, animalizaban a la mujer, resultando el hombre un ser más ‘humano’ y superior, preparado para abrirse a la esfera pública. Por su parte, el hombre tenía que mantener a toda costa su posición privilegiada, teniendo que mostrarse siempre fuerte, insensible y poco delicado.

Pese a todo, dos grandes cambios sociales provocaron cambios también en estas relaciones. En primer lugar, la apertura a un sistema económico capitalista obligó a la mujer a entrar en el mundo laboral. En segundo lugar, los métodos para el control de la natalidad separaron la vida sexual de las personas de la mera reproducción. Las teorías que habían justificado tanto tiempo los roles femeninos y masculinos no podrían sostenerse largo tiempo… Pero no es fácil desenraizar lo que se ha estado cultivando tanto tiempo. Los valores trasnochados y los prejuicios sin sentido nos han seguido hasta el día de hoy. Además, el capitalismo pronto ha creado necesidades artificiales nuevas para sustituir a las anteriores. La feminidad y la masculinidad han transformado sus cánones, pero continúan esclavizando a la humanidad. Puede que las mujeres ya no dependan económicamente de sus maridos, pero se ven obligadas a perder su tiempo y su dinero en cremas antiarrugas, dietas, depilación láser o zapatos bonitos. Y es que aparentar más de cuarenta años, usar más de una talla 36 o tener un aspecto descuidado no es bonito. La mujer es engañada, presionada y vejada para mantenerse sumisa y en una posición de objeto de deseo sexual. Los hombres, por otro lado, también deben adaptarse a las nuevas demandas. La “igualdad” en cuestiones de aspecto físico ha llegado, apoyada al cien por cien por el mercado: depilación, cremas y ropa también para ellos. Adiós al macho ibérico, hola al metrosexual.

Esta falsa igualdad podría engañar a algunxs, pero lo único que ha logrado equiparar son los aspectos más esclavizadores y que interesan económicamente. Es muy importante darse cuenta del daño que hacen estas distinciones totalmente convencionales y luchar para destruirlas. Los feminismos burgueses y más tradicionales no profundizan lo suficiente y no llegan a romper con los conceptos de feminidad o masculinidad. Contra el llamado feminismo de la diferencia, que hace énfasis en la mujer como producto de una esencia femenina y, por ende, radicalmente diferente al hombre, debemos defender el feminismo de la igualdad. El primero busca, de fondo, crear un nuevo orden basado en la madre y no en el padre. El segundo es el único verdaderamente revolucionario, el único que pretende romper con las cadenas que nos atan, el único que asume un matiz de lucha por la igualdad de derechos y de oportunidades.

A este respecto, es importante tener en cuenta que no debemos pretender ser absolutamente iguales, pero sí reivindicar que nuestras diferencias no deben estar marcadas por el género. Disfruta libremente de tu sexualidad, pero no la pongas al servicio del sistema. Siéntete guapa, pero olvida el enfermo canon de belleza que se impone en las revistas. La felicidad no está relacionada con la apariencia física, es preciso vivir nuestro cuerpo con las huellas y las marcas que el vivir nos proporciona. Puede que el proceso sea largo, y que resulte difícil darse cuenta de que, lo que siempre hemos considerado como natural, sea en realidad otra herramienta más del orden establecido, pero no es imposible cambiar. Hagámoslo por un mundo más justo, cuerdo y sano, y porque si no interiorizamos estas ideas será imposible llegar algún día a exteriorizar un comportamiento verdaderamente antipatriarcal.

Prostituídas y Prostituidores, por Carlos París

Prostituídas y prostituidores: dos psicologías enfrentadas

Por Carlos Paris



Voy a imprimir un pequeño giro al tema que me ha sido propuesto por la organización del Congreso, “Prostituidas y prostituidores: dos psicologías enfrententadas”, para analizar más que los aspectos psicológicos- en que, por añadidura no soy experto- los roles o papeles de ambas partes. Pienso, en efecto, que las psicologías en cuanto fenómenos individuales, tanto del cliente como de la prostituída, pueden ser enormemente variadas, recorren un amplísimo campo de posibilidades, en cambio, sus situaciones objetivas, los papeles desde los cuales uno y otra se relacionan resultan susceptibles de una descripción comunitaria y representan el nudo del debate sobre la prostitución, así como de las políticas con que esta realidad debe ser afrontada. Y, como se trata de una relación dual, con funciones complementarias, me veré obligado a hablar de sus dos términos, no sólo el llamado “cliente” sino también de la mujer o prostituída. En esta perspectiva nos encontramos ante dos lecturas y valoraciones inversas: la que podemos designar como leyenda áurea o leyenda rosa de la prostitución y aquella que desvela la cruda realidad de los hechos.

Cliente y prostituta en la “leyenda äurea”

“Dos adultos mantienen una relación sexual tras convenir un precio”. ¿No constituye ello un acuerdo perfectamente aceptable? Puede ser repudiada semejante relación si es establecida con menores de edad, con personas sometidas a coacción, forzadas, o si entran en juego drogas ilegales. Pero no, si trata de una relación entre seres libres, en el ejercicio pleno de sus facultades. Así se explica la Asociación de Empresarios de Locales de Alterne, (ANELA) según reproduce Joaquín Prieto en una reciente colaboración publicada en El País. (1)

Consecuentemente, fuera de estos límites, condenar la prostitución únicamente tiene sentido desde posiciones que rechazan el sexo y su libre ejercicio, desde actitudes represivas ante la sexualidad. Ya sea por inmadurez y ñoñería ante nuestro cuerpo y sus pulsiones, por falta de capacidad para asumir nuestra plena realidad. Ya, según la doctrina católica oficial, por la ordenación de la sexualidad humana a la reproducción que permite su ejercicio exclusivamente dentro del matrimonio y sin el uso de medidas contraceptivas. Aunque, ciertamente los teólogos no hayan tenido empacho en considerar necesaria la prostitución, según la teoría del “mal menor”. Y, curiosamente, es esta teoría la que hoy vemos reaparecer, secularizada, en voces como la de la catedrática Mercedes García Arán, que, si bien no osan entrar a discutir éticamente la relación prostituyente, mantienen que su supresión generaría caóticos desordenes. (2)

Mas no es ésta teoría del mal menor, la visión expresada por la ANELA, y, en general, por las posiciones proclamadoras de la leyenda áurea. Según ellas, se trata de una relación en que un individuo, normal y mayoritariamente un hombre, requiere ciertos servicios y está dispuesto a pagar por su suministro, a quien se los proporcione. Estos servicios son de índole sexual. Pero nada los diferencia, a no ser que tengamos una concepción represiva de la sexualidad, de otros, tales como la limpieza del hogar, la atención del camarero o camarera a la mesa en que nos sentamos en una cafetería, el tratamiento por el médico de nuestras dolencias o la asistencia que el abogado nos proporciona en un trance jurídico. Y el individuo en cuestión busca y encuentra una mujer dispuesta a prestarle los servicios deseados. Lo hace libremente, de acuerdo con esta descripción, pero, sin duda -hay que reconocerlo- no por gusto, buscando su satisfacción propia, al modo del cliente. Ni mucho menos por amor, cosa imposible, tratándose, al menos en un primer encuentro, de un desconocido. Lo hace, y ello diferencia radicalmente esta situación de las habituales, normales, relaciones sexuales, para obtener unos ingresos que le permitan sobrevivir en los casos más necesitados o le posibiliten elevar su nivel de vida en meretrices acomodadas.

Entonces, su entrega y actividad ha de ser planteada como un trabajo. La prostituta es redefinida como “trabajadora del sexo”. Se aduce, para quitar hierro al asunto, que incluso hay trabajos más duros y más explotadores que el suyo. Y, como los otros trabajadores, la mujer dedicada a la prostitución debe obtener los derechos laborales que la actual legislación prescribe. Tal es la perspectiva de las relaciones entre cliente y prostituta defendida por los partidarios de la leyenda áurea y cuya consecuencia práctica es que la prostitución debe ser aceptada y mantenida, sin más necesidad que la de regularla por parte de los poderes públicos.

La cruda y dura realidad de la relación

Es interesante observar el falaz juego de esta descripción punto por punto. Algunos detalles de importancia menor, no dejan, sin embargo, de ser significativos. Por ejemplo, he hemos hablado de “un individuo” y ello no siempre se ajusta a la realidad. No debemos olvidar que muchas veces la visita a los burdeles se realiza en pandilla. Como una juerga colectiva, por hombres cargados de alcohol- droga admisibe en la doctrina de la ANELA, pues no está prohibida- y en un clima supermachista, en el cual alguno llega a decir: “vamos a dar una paliza a las putas”. Si no siempre es tan alto el grado de brutalidad y actitudes primarias, en todo caso resulta normal la acumulación de clientes que, sucesivamente, en lamentable hilera, se satisfacen con una prostituta, en ocasiones hasta agotarla. Según Anita Sand se puede contar el número de cuarenta o cincuenta clientes por cada mujer prostituída. (3)

Pero lo decisivo, sin extendernos en comentar aspectos más accesorios, es el deslizamiento que se ha producido de la realidad a su idealización manipulannte. Y la tranquila aceptación de un mundo degradado. Las relaciones sexuales humanas son expresión bien del amor en los casos más nobles, bien de un deseo de goce libre y mutuamente compartido. Y tal es su normal realización. No debemos olvidarlo. En la prostitución asistimos a una radical transformación de estas relaciones. Degradadas y desiguales, se han convertido en “prestación de servicios”.

En términos lógicos reina una completa asimetría. Y dicha asimetría, expresada en su forma más suave, es la de un protagonista dominante y una sirviente. De un lado se sitúa activamente un hombre que experimenta la sexualidad como necesidad fisiológica y como voluntad de goce. Posee el poder del dinero y, aún podríamos añadir, el prestigio social. Actúa como soberano. De otro un sujeto pasivo, la mujer, o -si se quiere ampliar el campo hacia fenómenos más minoritarios- el ser prostituído, para quien la relación no tiene más razón y atractivo que el de los ingresos que le proporciona. Sólo éstos le dan sentido. Pero, entonces, se ha convertido, no ya en sirviente, sino en mero objeto, utilizado por el ser que goza de ella. Podemos decir que la mujer sumida en la prostitución no se ve en función de sí misma, sino en el espejo que es el ojo del cliente, como realidad que puede satisfacer a éste. Se ha borrado a sí misma, como ser personal, convertida en mercancía. Por supuesto, la terminología de cliente y prostituta, debe ser sustituída por la prostituidor y prostituída.

Patriarcalismo, mercantilismo y racismo en la prostitución

El carácter patriarcal de la relación resulta evidente. Corresponde a un mundo en que el varón maneja el dinero y tiene derecho a satisfacer a gusto sus instintos. Son tan poderosos que no se les puede poner barreras. En otro caso se incendiaría el mundo. La mujer aparece como un ser necesitado, carente de posibilidades por sí misma y además es despojada de sexualidad propia. Aunque rizando el rizo de sus sumisión, simule un placer no experimentado, para gratificar la virilidad del prostituidor. Es el colmo de la farsa montada por la dominación patriarcal.

Significativo de este carácter patriarcal de la prostitución resulta el hecho de que el combate por la abolición de la prostitución es en su mayor parte librado por mujeres feministas. Por aquellas que promueven un mundo igualitario, roto el dominio del varón, mientras que tantos hombres se muestran partidarios de mantener la prostitución. Los que la defienden más encarnizadamente son beneficiarios económicos del fenómeno como empresarios o chulos, otros se complacen en frecuentar los burdeles y finalmente muchos poco sensibles para la liberación total de la mujer se muestran indiferentes o abogan por la regularización. Y, así, sólo se consiguió la prohibición y sanción de los clientes en Suecia, cuando el Parlamento resultó compuesto igualitariamente por hombres y mujeres.

Junto al patriarcalismo, se manifiesta el mercantilismo que ha dominado la historia humana y ha alcanzado su ápice en el capitalismo. Ambos en estrecha relación. Como acabo de escribir es el varón quien maneja el dinero. Compra a la mujer en la forma más extendida de prostitución. En nuestra sociedad capitalista en que el dinero constituye el resorte más importante de poder, su distribución entre sexos es aplastantemente desigual en todos los niveles sociales. De un lado la feminización de la pobreza, de otro la acumulación de la riqueza o la superioridad de ingresos en manos masculinas. Y a partir de aquí la mercantilización inunda todo el mundo que estamos analizando.

Conforme a una sentencia del Tribunal de Luxemburgo de 2001 la prostitución constituye una “actividad económica”. Para la OIT (Organización Internacional del Trabajo) el “sector sexo” debería ser incluido en el actual mundo industrial. (4) Y, evidentemente, estamos en presencia de una actividad económica. Según datos aireados por la portavoz socialista en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, Elena Valenciano, sólo en España mueve dicha actividad 40 millones de euros diarios y alcanza en el mundo la cantidad de 5 billones de euros anuales. (5) En algunos puntos del planeta este mercado del sexo alcanza proporciones extraordinarias. Según el informe de la OIT la prostitución constituye la principal fuente de ingresos en las economías deprimidas del sureste asiático (Malaisia, Indonesia, Tailandia y Filipinas). Ello ha exacerbado el reclutamiento de mujeres para dicha actividad. (6)

Y, en conjunto, se sitúa junto al mercado de armamentos y la droga entre los más cuantiosos negocios de nuestra sociedad. No deja de sorprender entonces el interesado y acendrado vigor con que la prostitución es defendida por sus actuales beneficiarios. Pero, aún se llega más lejos, cuando se proclama que su legalización suministraría importantes ingresos a las arcas de los Estados, gracias a la percepción de impuestos, como también defiende la OIT.

Mas semejante situación convertiría al Estado en cómplice y proxeneta. Consideración nada honrosa para un Estado que se pretende de Derecho. Al término despectivamente usado de “Estado bananero” habría que añadir ahora el de “Estado putero”. Y es que, evidentemente, el hecho de que la prostitución constituya una actividad económica explica el interés de sus beneficiarios, mas no justifica el mantenimiento de la misma. Como tampoco el del tráfico de armas y de drogas. Mas bien pone a la luz el carácter perverso de la prostitución, al transformar las relaciones sexuales en compraventa y al convertir en mercancía los cuerpos humanos, las mujeres, y su capacidad de servir de objeto de desahogo para los apetitos sexuales del varón. Como en Suecia propaló la campaña que condujo a la abolición de la prostitución, “comprar cuerpos humanos es un crimen”. Expresión justa, nada desmesurada, si nos percatamos de que, si bien la vida física de la prostituta no es suprimida -aunque en el límite de la violencia que, dígase lo que se quiera reina en este campo, se lleguen a producir verdaderos asesinatos (7)- en todos los casos, aún sin violencia física, se anula la condición humana y personal de la mujer prostituída, al tratarla como mero objeto, al modo del esclavo.

Y la intensa actividad que mueve la prostitución debe ser categorizada, consecuentemente, como “crimen organizado”. Con el cual el prostituidor colabora activamente, ya que sin él no sedaría. Tal es la realidad recientemente denunciada en otra oportuna campaña, esta vez, en Almería, mediante carteles cuyo texto afirma: “La prostitución atenta contra los derechos fundamentales de miles de mujeres y niñas en todo el mundo y existe porque tú pagas”.

Junto al patriarcalismo y el mercantilismo, también otra lacra de nuestra historia se manifiesta aquí: el racismo. El hecho básico es la desigualdad económica y de poder entre razas que arroja a la mujeres de las razas dominadas al ejercicio de la prostitución, tanto en sus propios países como en tierras a que, en el tráfico de carne humana, son llevadas. Pero, además florece cierta mitología de lo exótico y de ardiente sexualidad de las mujeres no blancas, como han analizado y documentado Laura Keeler y Marjut Jyrkinen. (8)

La pretendida libertad

En una relación patriarcal, mercantilizada y racista ¿se puede mantener la libertad de la mujer prostituída? En la descripción áurea de las relaciones entre cliente y prostituta se afirma la libertad de la prostituta como requisito para una relación lícita y, por ende, regulable. Aun en el supuesto de aceptar la conversión de la sexualidad en negocio mercantil, evidentemente todo contrato económico, para ser válido ha de establecerse en condiciones de libertad. Entonces debemos preguntarnos ¿existe verdaderamente esta pretendida libertad?

Al respecto, podríamos considerar tres grandes situaciones típicas en la mujeres que se encuentran sumidas en el orbe de la prostitución. En primer lugar aquellas que han sido literalmente forzadas, obligadas bajo poderosísima coacción a convertirse en prostitutas, cosa que -como no deja de ser natural- en modo alguno deseaban. Resulta que, en nuestros días, y en nuestro mundo industrial avanzado, constituyen la inmensa mayoría. Según datos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, el 90% de las mujeres que actualmente ejercen la prostitución en España son extranjeras. Evidentemente no se trata de turistas que viajan desde países ricos y quieren compaginar nuestro sol y nuestras playas con la prestación de servicios al macho ibérico. Vienen de países de la Europa del Este, cuya incorporación al triunfante capitalismo globalizador les ha hundido en la miseria, también provienen del subdesarrollo creciente de naciones de Ibero-América, o de la abandonada África. Han sido traídas engañosamente con la promesa de ofrecerles un trabajo, que no se anunciaba precisamente como “trabajo del sexo”. Y, luego, llegadas a la tierra prometida, tras haberse endeudado hasta las cejas, son forzadas a ejercer la prostitución. Caen prisioneras, encerradas, a veces sin otra ropa que la erótica con que deben excitar a los clientes, pero con la cual no pueden salir a la calle. Amenazadas y sometidas al terror, en ocasiones, son, incluso, vendidas. Semejante tráfico de carne humana femenina, que adapta a los tiempos actuales el transporte de esclavos, no es un fenómeno marginal en la realidad que estamos considerando, como los voceros de la prostitución pretenden, define su situación aplastantemente mayoritaria. En la cual las mujeres son víctimas, tanto de la violencia y la codicia patriarcal, como de la que preside, en estrecha relación con ella, el actual orden económico mundial. Y el llamado turismo sexual -ahora con el aditamento de explotar infantes desvalidos- completa y redondea este siniestro panorama en que los varones ricos y poderosos del Primer Mundo satisfacen sus instintos en la carne de los países pobres, esperándola en su confortable mansión o viajando en busca de ella.

Es el tremendo espectáculo que ofrece un mundo interrelacionado y cruzado por las comunicaciones en una tecnología puesta al servicio no del desarrollo planaterio, sino de la voluntad y beneficio de los poderosos. Pero, no sólo la prostitución es ejercida por mujeres arrancadas a su patria, también es practicada, y así tradicionalmente lo ha sido, en el propio país, sin necesidad de salir de él, a veces con el desplazamiento de las zonas más pobres, rurales, a las grandes urbes. En este sentido se puede dibujar un recorrido que va del pueblo al servicio doméstico en la ciudad, y, en él, al abuso de los señoritos de la casa para acabar en la prostitución. ¿Es factible describir esta historia como un ejercicio de la libertad? En primer lugar, sin duda, cabe hablar de los hombres en cuyas manos esta criatura puede caer para ser explotada y manejada, de los chulos en pequeña escala y de los propietarios de locales y negociantes del sexo. Pero, aún prescindiendo de estas situaciones, imaginando una mujer que ejerce como prostituta por cuenta propia ¿en qué medida la decisión de vender su cuerpo es libre? Distingamos, al respecto, entre voluntariedad y libertad. Y, con arreglo a tal precisión, podríamos decir que en este caso la decisión es voluntaria, pero no estrictamente libre. Aunque arranca de la iniciativa personal, no de una directa coacción de un individuo dominador, está condicionada tal opción por un marco de posibilidades que la fuerzan. Por el acecho de la miseria, de la indigencia, de la penuria. La prostitución aparece como vía para sobrevivir.

En un reciente programa de televisión sobre el sexo en Brasil, una mujer que se ganaba la vida como prostituta así lo declaraba. No había encontrado otra posibilidad para sobrevivir y confiaba en que, ejerciendo la prostitución, conseguiría que su hija no se viera obligada a afrontar el mismo triste destino. Ciertamente no parecía muy satisfecha con su mal llamado trabajo.

Por encima de estos dos mundos, se encuentra el minoritario de la prostitución de lujo, o alta prostitución. Está integrado por mujeres que, supuestamente, han ingresado en este universo de servicio al placer masculino, no por el apremio de la necesidad ni por la fuerza y el engaño, sino por el puro afán de lucro. Refinadas, educadas, obtienen los más altos ingresos por su actividad. Si Lenin hablaba de la aristocracia obrera, aquí -aunque ello no signifique aceptar la idea de la prostitución como trabajo- podríamos hablar de la aristocracia de la prostitución. Y parecería, a primera vista, que en este nivel ciertamente la elección ha sido indiscutiblemente libre.

Examinemos críticamente esta presunción. Sin duda no han actuado las intensas coacciones físicas y económicas que hemos denunciado en los mayoritarios casos anteriores, pero, aún en esta realidad minoritaria, se acusa la presencia de presiones sutiles que cuestionan la pretendida libertad. En primer lugar, la escandalosa diferencia de retribución entre un trabajo productivo y los ingresos obtenidos por complacer los gustos del varón de alta posición. Situación sólo concebible en una sociedad dominada por el despotismo patriarcal, que rige su economía, y para el cual priman, sobre cualquier otra necesidad, los caprichos del hombre de las altas clases sociales. Y esta desigualdad estructural opera sobre mentes que han sido troqueladas por la mitología del consumo, por el acceso a lujos, a los cuales este hombre satisfecho por el servicio femenino abre puertas. Como vemos, la pretendida libertad de las mujeres dedicadas a la prostitución se esfuma, cuando la sometemos a crítica, y, al modo en que Diógenes buscaba al hombre verdadero, tendríamos que tratar de encontrarla con un candil.

La prostitución disfrazada como trabajo

Si hemos examinado críticamente la pretendida libertad de la mujer prostituída, no resulta menos importante atender, ahora, al intento de convertir su actividad en un trabajo. Quizá este planteamiento trate de basarse en el hecho de que la prostitución es una actividad económica, como hemos visto, y representa una fuente de ingresos para la persona que se dedica a ella. Pero, evidentemente, no toda actividad que genera ingresos para quien la ejerce puede ser categorizada como trabajo. En tal caso habría que considerar el robo o la estafa como trabajos, a veces de alta calidad y muy rentables. Y, ciertamente, así son expresados en el argot del gremio de ladrones o estafadores, pero no en el uso social y jurídico. Lo mismo cabría decir del juego, y a nadie se le ocurre que comprar un décimo de lotería y cobrar el premio, si éste es obtenido, se defina como un trabajo. En cambio, se dan verdaderos trabajos, como el llamado “trabajo voluntario”, que, hechos por altruismo, no revierten en ninguna compensación económica. Y en la histórica explotación de la mano de obra esclava asistimos, sin duda, a duros trabajos que no son retribuidos.

El concepto de trabajo, rigurosamente entendido, supone el desempeño una actividad encaminada ya a la producción de una obra, industrial, manufacturera, intelectual o artística, ya a la extracción de bienes naturales, como en la minería o la pesca, ya a la prestación de servicios. Es preciso insistir en la idea de “actividad”, como algo que pone en funcionamiento nuestras facultades físicas y mentales, según las destrezas que previamente hemos adquirido. Así el obrero en la sociedad capitalista, a cambio de un salario, vende su fuerza de trabajo al propietario de los medios de producción. Se puede hablar de explotación, en la medida en que el capitalista obtiene una plusvalía. Se beneficia del trabajo y aumenta su riqueza. Y, ciertamente, el sistema capitalista no representa la forma más justa y humana de organizar la producción, que encontraría en la propiedad colectiva de los medios de producción una fórmula más alta y racionalmente equitativa. Pero, indubitablemente, lo que el proletario vende es su fuerza de trabajo. Algo exterior, no se vende a sí mismo. No vende su cuerpo, ni su intimidad. La mercancía que sitúa en el mercado laboral es su capacidad productiva externa, no su realidad personal, como el esclavo o la esclava que son vendidos y comprados en su entera realidad, en un mercado de carne humana, despojados de la condición de personas.

Y algo análogo podemos decir de otros trabajos, en que una actividad, sea la propia de una profesión liberal, sean servicios manuales, logra una retribución. Un cliente de un restaurante no se permite derechos sobre el cuerpo de quien le sirve. Y el camarero o camera consideraría un ultraje ser manoseada por dicho cliente. Tampoco una persona que se vale de los servicios de un médico o de un abogado adquiere el derecho de imponerle sus ideas o aspirar a que realice acciones que contradigan la ética del profesional. Y es que, aunque en ocasiones se afirme que en nuestra sociedad todo se compra y se vende, aún el más descarado mercantilimo tiene sus límitres. Y, entre ellos, debe figurar la prohibición de comprar algo tan íntimo, personal y noble, como es la sexualidad y su realización.

Frecuentemente se dice, con justo repudio, que en la prostitución se compra el cuerpo de la mujer o del ser prostiuído. Ello es verdad, pero aún tal decir constituye una expresión demasiado débil, respecto a la intensidad de la venta. Porque el cuerpo no es algo exterior, que posee un yo angélico, como pensaba Descartes o ha expresado Gabriel Marcel. El cuerpo es nuestra realidad personal, inseparable del yo, es aquello que nos define, con que hacemos nuestra biografía. Constituye nuestra identidad. Vender el cuerpo es venderse a sí mismo. Y si es alguien exterior quien realiza la venta, como, por desgracia, ocurre con notable intensidad en el tráfico de mujeres es un vendedor de esclavas, como los antiguos negreros.

Conceptualmente, no es posible, por todo lo que acabo de argüir y han argumentado muchas voces, categorizar a la prostitución como un trabajo, sin incidir en grave confusión. Pero, además, debemos pensar en las consecuencias lógicas, a que conduciría la inclusión de tal actividad en el mundo laboral, si se desarrolla estrictamente. Como ha puntualizado Lidia Falcón, en tal caso, habría que pensar que a una prostituta sin trabajo le correspondería ir al INEM a solicitar un burdel y se abriría una bolsa laboral con la oferta de puestos de prostitución. Entonces cabe –prosigue Lidia Falcón– que “a cualquier mujer que se encuentre en el paro, aunque previamente haya trabajado siempre en fábricas u oficinas, se le podrá ofrecer el “empleo” en un burdel. Si no tiene trabajo en el sector en que se ha formado, puede, sin embargo, ser prostituta”. (9)

Parece una siniestra broma surrealista. Sin embargo, observemos lo que nos relata Gisela Dütting en Holanda: ”...a algunas personas desempleadas se les ofreció trabajar como recepcionistas en burdeles. Si se niegan a aceptar el trabajo, pierden sus beneficios sociales y el seguro de desempleo”. (10) Aunque el trabajo ofrecido no era estrictamente el de prostituta, imponía la colaboración y presencia en esta actividad a personas que la rechazaban y al rechazarla quedaban gravemente perjudicadas.

En línea con todo lo que venimos comentando, el Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de la Esclavitud del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en el año 2003 se declaró “convencido de que la prostitución nunca puede considerarse un trabajo legítimo”.

La degradación del prostituidor

Si, en la relación entre prostituída y prostituidor, la explotación y alienación a que la primera de estas figuras es sometida, se revela escandalosamente manifiesta, una vez que hemos desenmascarado la leyenda áurea, no deja de ser cierta también la degradación en que el prostituidor cae. Como ya en otras ocasiones he explicado y escrito, (11) semejante degradación adquiere dos aspectos principales. Uno de ellos es la despersonalización, el otro la deshumanización, la caída en una conducta puramente zoológica, de instintividad animal.

El llamado cliente paga, utiliza la superioridad de su dinero para comprar a una mujer -en ciertos casos un niño, niña o un adulto masculino- que se encuentra en inferioridad económica. Pero, al hacerlo, no solo cosifica el ser comprado, borra, también, su identidad personal propia. Se convierte, dentro de una íntima relación, en mera y pura moneda, que es aquello a que la prostituida se ofrece. ¿No representa una alineación perder el rostro humano y transformarlo en un fajo de billetes? ¿No se desprecia a sí mismo en su identidad, al desaparecer transmutado en dinero?. ¡ Qué triste estima de su propia persona!

En el otro aspecto, el prostituidor aparece ciego para el mundo que las pulsiones sexuales abren en la condición humana. En lugar de dirigirlas hacia una relación personal, busca el mero desahogo fisiológico, a cuenta de un ser en quien descarga sus instintos. No sólo este ser utilizado es degradado, también lo es el hombre que actúa como mero macho animal.

Pero, además, es el responsable del hundimiento en una indigna humanidad. La prostiuída ocupa en su relación el lugar de víctima y de objeto. Es utilizada por la pura fuerza o por el poder económico. El prostituidor es el sujeto responsable de este abismo de inhumanidad. Para salir de él debe ser disuadido mediante el castigo, tal como en Suecia o en Corea del Sur se ha establecido. Tanto el proxeneta como el llamado cliente, más exactamente el degradado prostituidor, han de ser perseguidos hasta borrar estas criminales figuras de nuestra sociedad y avanzar hacia un mundo en que las relaciones sexuales alcancen la dignidad y plenitud que corresponde a la condición humana.

Notas:

(1) Prieto, Joaquín, “Una fábrica incontrolada de dinero negro”, El País, 27 de septiembre, de 2005, p. 17.
(2) García Arán, Mercedes, “ Prostitución y derechos” en “El Periódico” 4 de octubre de 2005.
(3) Sand, Anita, “Comprar sexo es un crimen” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, p. 38.
(4) Véase la aguda crítica de Raymond, Janice, “Legitimar la prostitución- La Organización Internacional
del Trabajo llama al reconocimiento de la industria sexual” en “Poder y Libertad”, nº 34, año 2003, pp. 44-46.
(5) Valenciano Elena, “Mercado de mujeres” en el País, 31 de agosto de 2005.
(6) Raymond, J. op. cit. p.44
(7) Una investigación canadiense ha mostrado que las mujeres en la prostitución tienen cuarenta veces mayor riesgo de ser asesinadas, en comparación con mujeres corrientes ( Sand, Anita, “Comprar sexo es un crimen” en Poder y Libertad, nº 38, año 2003, p. 39.
(8) Véase Keeler, Laura y Jyrkinen M. “Racismo en el comercio sexual en Finlandia” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, pp. 48-50.
(9) Falcón, Lidia, “Falsedades sobre la prostitución”, en Poder y Libertad, nº 34, año 2003,p. 19.
(10) Gisela Dütting, “Legalizar la prostitución en Holanda” en Poder y libertad, nº 34, año 2003, p. 15.
(10) París, Carlos, “La degradación del hombre en la prostitución” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, pp. 26- 29.

miércoles, 27 de octubre de 2010

A veces se vislumbra justicia... ABSUELTA!!


La mujer acusada de matar a su marido en noviembre de 2009 en Tafalla, María Pilar Marcos Rubio, ha sido declarada absuelta. El magistrado ha dado a conocer esta decisión tras escuchar el veredicto del jurado popular.

Los nueve miembros que componen el jurado no han dado por probado ningún hecho delictivo. El cuestionario que les había entregado el juez recogía cuatro posibilidades: homicidio, homicidio con dolo eventual, homicidio imprudente y accidente fortuito, y ninguno de los cuatro ha sido considerado probado, motivo por el cual la mujer ha sido absuelta.

El jurado ha continuado esta mañana las deliberaciones que fueron pospuestas ayer después de que el juez hubiera apreciado contradicciones en el primer veredicto entregado por los miembros del tribunal. A las 14.30 horas fueron citadas las partes para dar a conocer la decisión definitiva del jurado.

Tras escuchar el veredicto, los familiares de la acusada se han abrazado y se han escuchado gritos de alegría. El Ministerio fiscal pedía once años de prisión para la mujer por un delito de homicidio, por haber matado a su marido clavándole un cuchillo.

HOMICIDIOS O ACCIDENTE

El jurado tenía que responder 34 preguntas sobre los hechos y argumentar si consideraba probado o no lo que se planteaba en ellas. Sobre un posible delito homicidio, se ha considerado que "no existen pruebas suficientes que demuestren que la acusada dirigiese voluntariamente el cuchillo hacia José Antonio" Gil Silva, su marido.

No se considera probado tampoco que "durante el forcejeo se clavara el cuchillo en el pecho de José Antonio" y que "pese a ello

continuó con el forcejeo". El jurado ha justificado su postura en que "la acusada estaba en su sano juicio, en la reacción de arrepentimiento espontánea que tuvo" y en que "no existe suficiente evidencia de que existiese intención de matar".

No ve probado el jurado que "durante el forcejeo se clavara el cuchillo en el pecho de José Antonio" y que la acusada creyera que no sucedería. Para los miembros del tribunal, "habiendo acometido ya una vez con el cuchillo sí podía imaginarse que ocurriese la muerte de José Antonio".

Tampoco ha considerado probado que "para doblegarla, el señor Gil le pegó una fortísima patada o rodillazo en la rodilla izquierda, se abalanzó nuevamente hacia María Pilar, y en el fuerte forcejeo el cuchillo acabó clavándose accidentalmente en el pecho de José Antonio Gil".

En su veredicto, el jurado señala, a la pregunta de si la acusada creyó que José Antonio iba a matarla, que no está probado porque "no tenía motivos para temer por su vida". "El jurado entiende que la acusada no temió por su vida porque en los últimos años las agresiones físicas graves del marido hacia la acusada habían cesado y porque cree que la situación en el momento y lugar de los hechos no fue suficiente para que la acusada temiese por su vida", ha expuesto.

El jurado ha indicado, sobre si la respuesta de María Pilar a la agresión de José Antonio clavándole un cuchillo fue adecuada y proporcional, que no está probado porque considera que "no es proporcional que ante la agresión la acusada clavase el cuchillo" y que "podía haber cogido otro objeto no mortal para defenderse, el frutero por ejemplo".

En cuanto a si la acusada "sintió tal temor al pensar que José Antonio la iba a matar en ese momento que le provocó una muy importante disminución de su voluntad", los miembros del jurado no lo ven probado porque a su juicio María Pilar "no temió por su vida" si bien "sí se produjo una situación de intenso miedo por su integridad física".

domingo, 24 de octubre de 2010

A mis hermanas feministas del Estado Español

A mis hermanas feministas del Estado Español

...echo de menos sus voces de protesta ante este escalofriante relato que apareció en la prensa hace poco tiempo, relacionado con la detención de varios ciudadanos y ciudadanas vasco/as:

A mis hermanas feministas del Estado Español Los grupos y asociaciones feministas están protestando por la desparición del Ministerio de Igualdad y por las palabras que el alcalde de Valladolid ha dedicado a la ministra Pajin. Con razón. Sin embargo, echo de menos sus voces de protesta ante este escalofriante relato que apareció en la prensa hace poco tiempo, relacionado con la detención de varios ciudadanos y ciudadanas vasco/as presuntamente militantes de Ekin:

Barrenetxea fue despojada de su ropa en el mismo trayecto a Madrid, siendo trasladada desnuda de cintura para arriba y entre insultos, golpes y tocamientos en los pechos. Un guardia civil llegó a arrancarle los pantalones mientras que la forzaba para que abriese las piernas y otro no dejaba de golpearle en la cabeza. La vecina de Bilbo denuncia que fue obligada a permanecer todos los interrogatorios en bragas y amenazada con ser violada en más de una ocasión. En uno de los interrogatorios indica que «me sentaron en una mesa y me obligaron a apoyar la parte superior del cuerpo contra el mueble, mientras que me envolvían la parte trasera con una cuerda y me echaban agua fría a la entrepierna. En esta postura no dejaban de amagar con violarme».

¿Por qué no se han oído las voces indignadas de estos colectivos? Es algo que, como feminista, me duele; y no paro de darle vueltas.
¿Será porque es vasca? No puedo creerlo, cuando en España se denuncia la lapidación de "adúlteras", la ablación del clítoris o el burka en estados islámicos.
¿El manual que sigue todo terrorista para denunciar torturas? También se dice a menudo que las mujeres que denuncian una violación la habían provocado; o que hay denuncias de malos tratos para alejar a los padres de sus hijos e hijas y sacarles un buen dinero. Ante estas declaraciones (a veces por parte de magistrados) las feministas nos rebelamos y las denunciamos como una maniobra para crear una opinión en la sociedad de que cuando una mujer es agredida es que "algo habrá hecho" y dejar impunes a los agresores. ¿Por qué en este caso hay que creerse lo que diga el policía de turno sin pedir siquiera una investigación?¿ Esta mujer no tiene credibilidad? ¿Los policías sí, por que nunca jamás se ha dado el caso de que hayan agredido, golpeado, violado o matado a una mujer?
O tal vez la razón estriba en que existe un tabú con el tema vasco, las torturas y todo lo que tenga que ver con el Ministerio de Interior. Espero y deseo que no sea porque denunciarlo supondría quizá caer en la sospecha, la marginalidad y perder las subvenciones.

Las mujeres feministas han dado ejemplo, a lo largo de su historia, de valor, audacia, sentido crítico y dignidad. Me gustaría que esta llamada moviera a la reflexión.
Un abrazo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Imágenes: NOSOTRAS TAMBIÉN VAMOS A LA HUELGA




Comunicado de Langresta con motivo de la Huelga General

Este es el comunicado repartido por la Asamblea Feminista Langresta durante la manifestación del 29 de Septiembre en Torlavega, organizada por la Intersindical Cántabra:

Hoy 29 de Septiembre del 2010, en la primera Huelga General convocada contra las reformas y recortes sociales aprobadas por el gobierno del Estado Español, las mujeres cántabras nos echamos a la calle para proseguir la lucha contra el capitalismo, pero también contra su alianza con el patriarcado, alianza que desemboca en una doble explotación para nosotras: de género y de clase, gracias a la división sexual del trabajo.

Es la clase trabajadora quien paga las consecuencias de la crisis capitalista, pero hay sectores dentro de ella en los que las tasas de desempleo o precariedad son mucho más altas, como es el caso de l@s inmigrantes, l@s jóvenes, las mujeres, l@s pensionistas…

Según datos del Instituto de la mujer en 2009 el 40,85% de las mujeres jóvenes (entre 14 y 29 años) están en paro; según el INE en el grupo de 16 a 19 años, el descenso del empleo femenino en 2009 ha sido de un 46,6%, en el grupo de 20 a 24 años de un 17,1% y en el de 25 a 29 años de un 11,1%.

Estos sectores, que ya se encontraban desfavorecidos antes de la crisis capitalista, son quienes sufren en mayor medida las últimas reformas del gobierno.

Ayudas como las de la ley de dependencia o el cheque-bebé, que ni siquiera ahora suponen una solución a los problemas existentes, se congelarán y retirarán respectivamente a partir del 1 de enero del 2011. Esto es un claro ejemplo de la conexión entre capitalismo y patriarcado... En vez de quitar la financiación a gastos parasitarios del Estado como al ejército o la casa real (entre otros), se opta por arrebatar las ayudas a los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

Otro recorte social, como la congelación y rebaja de las pensiones, también afecta en mayor medida a las mujeres, que tienen las pensiones más bajas por trabajar en el ámbito familiar.

Además, con las reformas aprobadas, el acceso a un empleo fijo se convertirá en un sueño inaccesible para la mayoría. Asimismo, las medidas para impulsar la contratación de mujeres están desapareciendo, y en cambio surgen ayudas para contrataciones a tiempo parcial. Todo esto da lugar a más precariedad, lo que se traduce en la disminución de los derechos sociales sin la posibilidad de reclamar ante nadie.

Por todas estas razones, nosotras creemos que no cabe la posibilidad de reformar o refundar el sistema capitalista, porque éste, por definición, atenta contra los derechos de la clase trabajadora y se sustenta sobre los pilares del patriarcado. Por ello, creemos que la única solución contra la crisis es la desaparición del capitalismo y la implantación de un sistema justo en el que no quepa lugar a la discriminación, que se sostenga sobre una simple premisa: la igualdad.

Güelga General 29-S


Según los sindicatos amarillos CC.OO. y UGT, el seguimiento de la Huelga General en Cantabria (que cifran en un 72%) fue positivo, superior a la media de seguimiento en el Reino de España (70%).

Diagonal Cantabria habla de “éxito total de la huelga en Torlavega“, donde “un 90% de los comercios han permanecido cerrados toda la mañana, y el resto han sido ‘animados’ por los piquetes“.

Respecto a la manifestación de las 12 h. bajo la convocatoria de la Intersindical Cántabra, Abora, Regüelta y otros colectivos, y sin la presencia de CC.OO. y UGT, se “ha congregado algo más de 700 personas que han recorrido la capital del Besaya para finalizar con un comunicado en el que se ha denunciado la actitud de los empresarios en los días previos a la huelga, pues han actuado `como un verdadero piquete coactivo´, amenazando a eventuales y fijos“. El bloque de Abora y Regüelta, que avanzaba con varios lábaros tras una pancarta donde podía leerse que “El capital ajuega isti pueblu, costruyamos socialismu” estuvo muy animado y combativo.

La Intersindical no ha querido entrar en valoraciones sobre el éxito o las cifras de la jornada porque “esa no es nuestra guerra”, subrayando como objetivo primordial “que la conciencia de nuestros compañeros y compañeras crezca”. También se han dirigido a CC OO y UGT exigiéndoles que “tengan la valentía de mantener lo que, en las últimas horas, han dicho a los cuatro vientos: que no se van a sentar [a negociar] mientras el gobierno no rectifique y que rectificar es retirar la reforma aprobada”.

Por su parte, Miguel Ángel Revilla, actual presidente de una Comunidad Autónoma que tiene 45.000 parados, un 20% de los cántabros por debajo del umbral de la pobreza y 10.000 paisanos obligados a emigrar cada año, ha salido en diversos medios contraponiendo vergonzantemente el derecho al trabajo versus el derecho a la huelga, cuando tres de cada cuatro asalariados cántabros son precarios -es decir rehenes de la patronal: “tú veras si haces huelga, atente a las consecuencias”- o autoempleados (mal llamados autónomos), bajo jerarquía empresarial o subcontratados.

Además, Revilla, antiguo responsable del sindicato vertical franquista en la comarca del Besaya, ha propuesto que se “regulen” los piquetes informativos, ya que “no tienen sentido” en estos tiempos, porque “la información que hay de la huelga” está en los periódicos, la televisión y la radio, medios estos dos últimos que no existían en el siglo XIX , por lo que entonces había que informar a la gente, pero ahora, en opinión del führerucu, “no hay que informarle a nadie” porque todo el mundo puede enterarse a través de los mass media que controlan entre partidos como el suyo y la patronal. Los presentes aseguran que no se le llegó a escapar la coletilla adquirida en los 70 de que los trabajadores también podemos informarnos a través del No-Do.

martes, 20 de julio de 2010

Vídiu Promocional Día Nacional de Cantabria 2010

DÍA NACIONAL DE CANTABRIA 2010


CANTABRIA NU SE VENDI, CANTABRIA SE DICIENDI


Como ya advirtiéramos el año pasado, la crisis no iba a traer ninguna refundación del capitalismo que convirtiera un sistema de naturaleza injusta en idílico. Por el contrario, está siendo aprovechada para recortar aún más los derechos sociales y libertades de las clases populares cántabras, en el mayor ataque que se recuerda desde el franquismo a las conquistas sociales y lo que queda del estado del bienestar, oculto tras una circense cortina de humo rojigualdo.

Todas las políticas y todos los proyectos (AVE, eólicos, Proyecto Comillas, Santander2016, térmicas…) que desde varias siglas y diversos bufones populistas se proyectan sobre Cantabria, tienen un común denominador: hipotecan el bienestar de l@s cántabr@s en beneficio de unos pocos.

Los días 27 y 28 de julio, en Puente San Miguel, nos damos cita diversas organizaciones y mucha gente, que no creemos que el pueblo cántabro, nuestro territorio y patrimonio, nuestra dignidad y libertad, sean bienes con los que se puede comercializar. El 27 y 28 de julio, confluimos much@s cántabr@s que estamos decididos a quitarle el cartel de “SE VENDE” a esta tierra. ¡¡Ven y disfruta de un ambiente festivo y de reivindicación!!



MARTES 27 de JULIO:

Prau junto a las vías de Bárcena la Puenti, desde las 20 h.

CONCIERTO con barra a precios populares y zona de acampada.

BAMBAX (Hip-Hop) http://www.myspace.com/elbambax

LA HERMANDAD (Metal-Rock) http://www.lahermandadweb.com/

SKURRIBAND (Punk-Ska) http://www.myspace.com/skurriband

LOS PEREZOSOS (Rock) http://www.myspace.com/losperezosos



MIÉRCOLES 28 de JULIO

Bárcena la Puenti, desde las 11 h.

DÍA NACIONAL DE CANTABRIA


+ 11 h. Pasacalles, deporte autóctono (carrera de ollas y pulsu), teatro con marionetas para los más pequeños, chorizada y sidra…

+ 14 h. Comida popular (con opción vegana).

+ 15:30 h. Actuación del cantautor folk cántabro Marcos Bárcena http://www.myspace.com/marcosbarcena

+ 17 h. Acto político e izado del Lábaru.

+ 18 h. Actuaciones de folclore cántabro, echada de jisquíos, tiru-cuerda…


ORGANIZAN:

Abora
Regüelta
Asamblea Feminista Langresta


+ Habrá barra con BEBIDA y un puestuco de BOCATAS, con precios populares.

+ Puestucos y cachaperas de diversas organizacionis y movimientos sociales.

+ Por motivos de seguridad y medio ambiente, no se permite el acceso al prau con vidrios. Además, por ellos mismos y por los demás, recomendamos no llevar perros sueltos, sobremanera al concierto.



Más información en
http://diacantabria.wordpress.com/
http://muvicion.wordpress.com/

DÍA NACIONAL DE CANTABRIA


El martes 27 de Julio, desde las 20 h. tendrá lugar el ya tradicional concierto del Día Nacional en Puente San Miguel, con barra y bocatas a precios populares y acampada en el prau.

lunes, 31 de mayo de 2010

[SANTANDER]CONCENTRACIÓN 15 DE JUNIO

Día 15 de Junio a las 20:00 en la Plaza del ayuntamiento de Santander.

Cantabria: 45.000 parados/as y 100.000 precarios/as.
Más del 20% de los cántabros es pobre.
10.000 tienen que emigrar todos los años.
Y todavía quieren sangrarnos más ¿Hasta donde van a llegar'
Politicos corruptos, especuladores, banqueros, ricos, multinacionales,grandes empresarios....

ESTA ES VUESTRA CRISIS¡PAGADLA VOSOTROS!

ABORA-Asamblea feminista Langresta-Regüelta




miércoles, 5 de mayo de 2010

1u Mayu 2010

Asamblea Feminista Langresta
1u Mayu 2010


En una situación de crisis capitalista, con 44.200 parad@s, donde el Estado inyecta dinero a la Banca y los empresarios mientras amenaza nuestros derechos, este Primero de Mayo, más que nunca, nos vemos obligad@s a salir a la calle y luchar.

NOSOTRAS, las mujeres, también formamos parte de este Primero de Mayo. Un 1 de Mayo de clase y combativo, donde tenemos que estar presentes porque aún seguimos siendo las más explotadas en el ámbito laboral. Diferencias salariales, alargamiento de la jornada laboral, despidos desmotivados, acoso sexual, imposición de cánones de belleza, cuestionamiento de nuestras capacidades para desempeñar una tarea, etc., son sólo algunos ejemplos de las situaciones vejatorias que la mayoría de mujeres sufrimos en nuestros puestos de trabajo. Tampoco podemos olvidar a las mujeres que trabajan en el hogar y no son reconocidas como trabajadoras, a todas aquellas que han sufrido accidentes laborales o a las trabajadoras que se han visto empujadas al paro tras el hundimiento de los sectores económicos tradicionales cántabros, provocado por la situación de dependencia que sufre nuestro país: ganadería, agricultura, pesca, marisqueo, industria conservera…

Mientras por un lado sufrimos todas estas injusticias, por otro tratan de hacernos comulgar con la idea de que ya existe una supuesta igualdad: representación femenina en el Gobierno, instituciones dedicadas a estos menesteres… ¿Pero qué nos encontramos? contradicciones y más contradicciones. La constante manipulación a la que tod@s nos vemos sometid@s no oculta tamañas desigualdades y explotación. Como mujeres, cántabras y obreras podemos comprobar, pues, que el sistema patriarcal, español y capitalista van de la mano. Y los ejemplos anteriormente nombrados son la prueba de esta triple opresión.

Rechazamos totalmente el trabajo que sindicatos como Comisiones Obreras o UGT llevan a cabo. Acomodados junto a la Patronal, y vendiendo una falsa imagen de luchadores, únicamente se centran en su propio bienestar. Sí apoyamos, en cambio, a los sindicatos que de verdad luchan por y para la clase obrera, sin dejarse embaucar por intereses de convenios o tratos con los explotadores. Ejemplo claro de ello es la Intersindical Cántabra, que continúa en pie, intentando concienciar a tod@s y animando a la organización, convocando este Primero de Mayo, apoyando a tod@s aquell@s que deciden no callarse.

La Asamblea Feminista Langresta asiste a este Primero de Mayo una vez más para dejar claro que nosotras también reivindicamos y luchamos por los derechos de la clase trabajadora cántabra, una clase trabajadora que no distingue género ni procedencia. Sin nosotras no hay lucha, sin nosotras no habrá igualdad. Nos han educado para estar calladas, para ser esposas sumisas. ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiéndolo? Necesitamos un cambio, y la lucha es el camino hacia ese cambio. Por la clase trabajadora, por l@s que lucharon por ella y ya no están, por l@s que vendrán, por Cantabria.

Mujeris Trebajaoras escontra´l capital
Unidá y Alucha


Asamblea Feminista Langresta
www.langresta.blogspot.com