jueves, 14 de julio de 2011

“Sin clientes no hay negocio”

Delia Añón Suárez

Prof. en Lengua y Literatura Inglesas. UNLP

Especialista en Estudios de Mujeres y de Género. UNLU

“Sin clientes no hay negocio”

Las feministas cuestionan a los “consumidores”

“Sin clientes dispuestos a comprar un cuerpo por un rato, no hay empresarios que lo vean como negocio digno de emprender. Sin estos comercios y sin sus clientes, no habría mujeres trabajando en ellos. Porque ninguna mujer lo vería como salida y ningún proxeneta secuestraría mujeres”. Así lo presenta la profesora platense Delia Añón Suárez, militante feminista e integrante del colectivo “Cortadas por la misma tijera”.


Para Delia, que es profesora de lengua y literatura y hace análisis de discursos culturales, ninguna mujer elige o consiente la prostitución. “Para poder consentir hay que ser libre y no estar bajo coerción. Basta con entrevistar a mujeres que son prostituidas para comprender que es impensable que alguna pueda estar de acuerdo con ser violada unas cuantas veces por día”, afirma.


Además, tampoco cree que sea posible considerar a la prostitución como un trabajo. “Quienes lo ejercen no tienen acceso a ningún derecho de los que gozamos los demás trabajadores. Acá no hay aguinaldo, ni vacaciones pagas, ni horas extra. Tampoco asignaciones familiares, o la posibilidad de reclamar respeto o denunciar abuso. Es un trabajo que, justamente, pone a las mujeres en situación de ser abusadas. De eso se trata”, explica.


Según escribió en su blog http://cortadasporlamismatijera.blogspot.com, “sindicalizar esa práctica es sencillamente vil. Es la tranquilidad ¿moral? de que algo se hace al respecto, y el modo de que tributen y se incorporen a las estadísticas como empleadas”, por lo que considera que los clientes–prostituyentes no son “benefactores” y que hay una relación directa “entre prostitución y trata”.


Delia le pregunta a la sociedad “a qué llama libertad. A qué llama consentimiento…”. Y a los hombres que sostienen “que no hay nada de malo en sus hábitos de consumo” les pide que se imaginen qué sentirían si alguna hija, madre, hermana o pareja eligiera libremente esa “salida laboral”.

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